3/10/09

Los límites del poder real


En el tercer año de reinado, Sisenando convocó el IV Concilio de Toledo, presidido por San Isidoro, con asistencia de 69 prelados, ya por sí, ya representados por sus vicarios. Las decisiones de la augusta asamblea no dejan duda alguna acerca del carácter que a los concilios toledanos hemos atribuido, y son y serán eterno monumento de la tutelar y digna protección que la Iglesia católica ha dispensado siempre a los oprimidos.

Los Padres de la Iglesia, no se limitaron a deliberar y a legislar sobre materias eclesiásticas, no; ellos, la única parte ilustrada de la patria; ellos, solos depositarios de las claras y distintas nociones que sobre el poder y su ejercicio ha tenido siempre la sociedad modelo de la Iglesia; ellos, verdaderos amantes de la libertad, de la dignidad del hombre, fijan los primeros en la España goda, los límites del poder del rey, los límites de los derechos sociales. En los cánones del IV Concilio, concisos y sin aparentar la pomposa forma doctrinaria, se encierra toda una constitución; ellos contienen todo aquel derecho que así vigorizó y comunicó el sentimiento de su dignidad a los individuos como contuvo y elevó a los reyes, alta expresión de la sociedad, haciendo de nuestra España durante el principio de la Edad Media el país mejor gobernado de Europa, en lo que podían consentirlo las incesantes guerras, los escasos medios de producción y el estado violento del mundo al sacudir Roma.

"A ti, rey, que estás presente, dicen los Padres en el canon LXXV, y a vosotros todos, príncipes de las edades futuras, pedimos con la humildad que a cristianos conviene, que seais suaves y moderados para con vuestros súbditos; os pedimos que rijais con justicia y piedad los pueblos que por Dios os han sido confiados."

"En cuanto a los reyes de las edades futuras, promulgamos en toda verdad esta sentencia: Si alguno de ellos, con menosprecio de las leyes, con orgulloso despotismo, cegado por el fausto real, hace pesar sobre los pueblos una dominación cruel, para saciar su ambición, su avaricia o sus apetitos, sea anatematizado en nombre de Jesucristo, sea separado de Dios por su santo juicio."

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