21/10/09

Don Juan de Austria y los moros de la Alpujarra


Don Felipe había encargado a su hermano don Juan de Austria que redujera a los moros de la Alpujarra. Era Aben Aboo el cabecilla de éstos, el cual, temeroso de la valentía de don Juan y del arresto esforzado de sus tropas, encargó a su lugarteniente El Habaqui que estipulara en su nombre las condiciones de paz.

Muchos eran los agravios que de los moros tenía don Juan de Austria; sin embargo le envió a El Habaqui un recado diciéndole que si se le echaba a los pies y le rendía las armas, serían los moros perdonados (naturalmente hoy día, don Juan de Austria estaría cumpliendo condena en Alcalá Meco o Nanclares de Oca, por fomento del racismo y la xenofobia, y abuso de poder...por supuesto le habrían caído mas años que a cualquier sarraceno cortacabezas aun siendo sorprendido con la cimitarra en mano).

Así sucedió. Llegó El Habaqui a caballo, se apeó, se puso de rodillas delante de Su Alteza y colocándole la bandera y el alfanje a los pies le dijo:
- Estas armas y bandera rindo a Su Majestad en nombre de Aben Aboo y de todos los alzados cuyos poderes tengo.

Y don Juan, en vez de guardarse el arma que el moro le rendía, la tomó, se la devolvió y le repuso:
- Levantaos y tomad esta arma, y guardadla para servir con ella a Su Majestad.

El Habaqui la recogió y se retiró con miradas de agradecimiento. Pero Aben Aboo, que era una arpía y un traidor, mandó ahogar a El Habaqui y enterrarlo en un muladar.

Al fin, otro moro llamado Xariz le dió un golpe en la chola al moro felón y lo dejó K.O., esto es, muerto. Desde aquel momento todos los moros de la Alpujarra se sometieron a don Juan de Austria y la comarca alcanzó paz.

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