28/7/09

¡Machuca, Vargas!


El caballero toledano Diego Pérez de Vargas, era un hombre alto y recio que tenía los músculos de acero. Con una espada en la mano, no había pelotón que se le acercara en 10 metros a la redonda.

Durante el sitio de Sevilla luchó porfiadamente a las órdenes del Rey Fernando III el Santo. Donde estaba Vargas, estaba el terror.

En una ocaión difícil se le fueron encima mas de 200 moros. El valiente Vargas sacó su espada y, cubriéndose con el escudo, empezó a dar tajazos y segar cabezas, y se hubiera quedado solo si en uno de sus terribles golpes no se le hubiera roto la espada en dos pedazos.

Al verlo desarmado los moros, lanzaron alaridos de alegría. El audaz guerrero, sin armas, se consideró perdido; pero observando que a su lado había un olivo, cogió una gruesa rama, la desgajó, le arrancó los ramillos y empuñándola con ambas manos a guisa de maza, empezó a descargar tan formidables golpes sobre las cabezas moras, que cráneo que se le ponía delante, cráneo que quedaba machacado.

Al verle luchar los caballeros cristianos, le gritaban:
"- ¡Machuca, Vargas, machuca!"
Y Vargas, hecho un león, seguía haciendo polvo las cabezas enemigas.
"- ¡Machuca, Vargas, machuca!"
Y Machuca le quedó de mote, y desde entonces el heroico capitán se llamó Vargas Machuca.

La gran victoria de Las Navas


El Rey Alfonso VIII, quiso acabar con los moros, y así le escribió al emperador de Marruecos esta carta:
"En el nombre de Dios, clemente y misericordioso, el Rey de los cristianos al Rey de los muslimes: Puesto que, según parece, no puedes venir contra mi ni enviar tus gentes, envíame barcos, que yo pasaré contra ti con mis cristianos donde tú estás, y pelearé contigo en tu misma tierra con esta condición: que si me vencieres seré tu cautivo, y tendrás grandes despojos, y tú serás quien de la ley; mas si yo salgo vencedor, entonces todo será mío, y seré yo quien de la ley al Islam."

A esta carta contestó Yacub con esta otra, que era un verso del Corán:
"Dijo Aláh omnipotente: revolveré contra ellos, y los haré polvo de podredumbre con ejércitos que no han visto, y que no podrán evitar ni huir de ellos, y los sumiré en profundidad y los desharé."

Vino a España Yacub y consiguió derrotar a los cristianos en Alarcos, pero esta derrota sirvió para que se unieran los príncipes de la Cristiandad, quienes formando un ejército formidable fueron a buscar a los musulmanes.

A la mitad del camino, muchos extranjeros se volvieron a sus países; siguió adelante el resto del ejército, y dió vista al enemigo en Las Navas de Tolosa: era el día 16 de Julio de 1212 (parece que julio es un mes providencial en la historia de nuestra Patria).

El miramamolín Muhamad tenía mas de 200.000 guerreros, de los cuales 10.000 estaban amarrados con cadenas para defender la tienda del jefe, que estaba en el centro.

La batalla fue espantosa, terrible, gigantesca. El Rey don Alfonso llegó a verse rodeado de enemigos feroces, al punto de que le dijo al arzobispo Ximénez de Rada, que se encontraba al lado luchando:
"- Arzobispo: ¡aquí morimos vos y yo!"
A lo que contestó el arzobispo:
"- No lo quiere Dios; tú triunfarás de los enemigos."
Y triunfó...160.000 almohades quedaron muertos en el campo de batalla.

Del rico botín recogido, don Alfonso no quiso nada para sí; la tienda de Muhamad le fue enviada al Papa Inocencio III, y las cadenas de los africanos, llevadas a la catedral de Pamplona, donde todavía cuelgan de sus muros.

13/7/09

Don Carlos en Zugarramurdi


"Voluntarios:

Invocando al Dios de los ejércitos y escuchando la voz de la España agonizante, me he presentado en medio de vosotros, seguro de vuestro valor y de vuestra lealtad.

Pobres de recursos, mas opulentos de fe y de heroísmo, habéis sabido sostener a gran altura, una campaña inverosímil, fabulosa, y en medio de fatigas incesantes, no pedíais mas que una cosa: armas.

Mis esfuerzos por procurároslas no han sido del todo estériles y, llenando este deber en lo que me ha sido dable, vengo a llenar otro mas agradable a mi corazón; vengo a combatir, como vosotros, por nuestra patria y por nuestro Dios. No seré yo quien, detenido por consideraciones de conveniencia política, asista cruzado de brazos a esta lucha reparadora y heróica.

Deploro la ceguedad del ejército que nos combate porque os desconoce y me desconoce. Vosotros y yo lo recibiremos con los brazos abiertos si, en un instante de buen consejo, reflexiona que la bandera monárquica es, desde hace 15 años, la bandera de las glorias y honor de las armas españolas; si reflexiona que la sola bandera verdaderamente monárquica es la mía: la bandera de la legitimidad y del derecho.

Pero ya que las cosas no resultan así, necesario será subyugar por la fuerza una revolución impía y ruinosa, que no se sostiene mas que por la violencia.

Con una indecible emoción, recibo yo el homenaje sincero de vuestra entusiasta fidelidad. Con una indecible emoción, huello este noble solar vasco-navarro, desde donde dirijo la expresión de mi gratitud a todos los generosos defensores de la causa justa, y los acentos de mi voz a todos los españoles.

La España nos pide a grandes gritos, que corramos en su socorro.

Voluntarios ¡adelante!

La España dice que muere: voluntarios ¡salvémosla!"

CARLOS, Zugarramurdi, 16 de julio de 1873

10/7/09

¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey!


Cuando atravesó por vez primera los Pirineos, una partida de 32 hombres armados con palos, le esperaba, una especie de "Partida de la Porra". Al poner Don Carlos el pie en tierra patria, sacó un revólver, disparó un tiro al aire y profirió con voz firme:

"En nombre del principio monárquico, del cual soy representante en España; en nombre de mi derecho hereditario, tomo posesión de este país: ¡guerra al extranjero que os gobierna y guerra a la Revolución! ¡adelante por Dios, por la Patria y por el Rey!"

Los 32 hombres gritaron entonces: "¡Viva nuestro Rey y señor Don Carlos VII!"

Y la monarquía fue hecha.


Carta del Obispo de Urgel a Don Carlos, con motivo de la proclamación de Don Alfonso, llamado el XII

"Señor:


El manifiesto dirijido por Vuestra Majestad a los españoles, con motivo de la usurpación del Infante de España don Alfonso de Borbón, ha regocijado vivamente a todos los buenos españoles y, según creo, aterrado a todos los menguados.


Vino a confirmar mi convicción profunda, de que V.M. ha recibido de Muy Alto la misión de matar a la Revolución y de perseguir sus restos hasta Jerusalén.


Sea Dios bendito y glorificado, y acepte V.M. mil felicitaciones, como ministro privilegiado que es del Dios de los ejércitos.


Considero estas últimas y brillantes victorias, por las cuales hemos tributado gracias a Dios en nuestros templos, y que han sido saludadas por nuestros paisanos con frenéticas aclamaciones, como el premio de esta gran fe y de este gran valor que os valdrán el epíteto de Carlomanno.


Vengo, Señor, a poner a vuestras plantas mis calurosos respetos y felicitaciones. Si soy el último de vuestros prelados, soy también el mas fiel de vuestros súbditos.


Señor.


José, Obispo de Urgel"



NOTA DE LORD BEAUMONT A LA PRENSA INGLESA


"Habiéndome presentado al público inglés como representante de los intereses carlistas, creo deber consignar las razones que me han decidido a aceptar esta misión, y definirla claramente. (...) Hasta el presente, S.M. católica, o Don Carlos, no tenía en Inglaterra persona debidamente autorizada para hablar en su nombre, publicar la verdad sobre la guerra actual, y justificarla. (...) Tres meses he pasado en España, durante los cuales he visto diaramente cosas tan distintas de las que me había figurado, según informes puestos a nuestro alcance, que he considerado como un deber el publicar lo que he visto con mis propios ojos. Por lo mismo, cuando el Rey me habló de representarle, acepté la invitación.


Seríame imposible hacer resaltar bien la diferencia que media entre los principios afirmados por el carlismo y el alfonsino, sin una corta demostración retrospectiva. Permitidme pues, recordaros, que Fernando VII no halló inconveniente en cambiar el orden de sucesión establecido por la ley, convirtiéndose así en iniciador del régimen liberal. (...) El pésimo gobierno de estos leaders que hoy proclaman al hijo de Isabel II, como rey, desenvolvió rapidamente el comunismo en todas las grandes localidades; consecuencia: durante los 37 años del reinado, hubo 17 pronunciamientos y revoluciones.


Una monarquía constitucional, no consigue hacer feliz a un pueblo sino en tanto que el monarca, lleve a su gobierno un elemento serio y formal, o que el país tenga la dicha de poseer jefes de tal decencia y tal patriotismo, que el monarca pueda reinar sin gobernar.


La población de España cuenta con la nobleza provincial, que corresponde a nuestros country gentlemen, y cuyos miembros no quisieron ser cortesanos. La clase media se divide entre los dos príncipes; la población de las grandes ciudades es republicana, y en cuanto a los campesinos, cuyas cualidades físicas y morales provocaron los elogios de Ford y de todos los escritores ingleses que han visitado España, puede decirse que todos son carlistas.


Los carlistas, en menos de dos años, han formado de una partida de 32 hombres sin armas, un ejército de 80.000 voluntarios (...). Don Carlos es, tiempo ha, de facto Rey de Navarra, de las Provincias Vascongadas, de Cataluña, de Aragón y de Valencia, tan completamente, como cualquier soberano que gobierna sus dominios con tranquilidad. En la España carlista, el Rey es adorado y respetado por una población tan noble e inteligente, como la que mas de Europa. Todos los días acepta grandes sacrificios, y vierte su sangre por una causa que considera como la de Dios y la de su patria. ¿Tales hombres, irían a someterse buenamente, sin una lucha desesperada, feroz, a un ejército mandado por generales que proclaman exterminarlos, esta vez por completo?


Esa raza animosa de montañeses, piensa que Don Carlos es el protector natural de sus libertades y de su religión, y por eso le estima tanto. (...) La línea de la Ribera, frente al Ebro, no ha sufrido menoscabo, a pesar de la gran concentración de tropas liberales. Está defendida por esos mismo bravos montañeses. (...) En eso se diferencia un ejército, sobretodo en Madrid, formado por quintos casi imberbes y llevados a la fuerza para combatir a las órdenes de oficiales descontentos, de un ejército cuyos oficiales y soldados son voluntarios.


(...) Invoco a los hombres de Estado de todos matices, de un extremo a otro del Reino Unido, para el sostenimiento de Don Carlos, porque hay entablada realmente una lucha entre los defensores del orden social y los revolucionarios, o sea, el comunismo mal encubierto. Mas aun, hago un llamamiento a los cristianos de la Gran Bretaña y de la Irlanda, para que ayuden a Carlos VII, porque, en la presente lucha, va envuelta la existencia de la cristiandad en España.


Beaumont".



-El próximo 18 de Julio, Dios mediante, la auténtica España conmemorará el Centenario de la muerte de su Rey Carlos VII; unos en casa, otros en sus lugares de veraneo y unos pocos privilegiados en Trieste (ocasión que habría sido formidable para acercar posturas entre la S.P. de SAR Don Sixto y la Junta de Gobierno, acontecimiento que habrá que seguir esperando). Como siempre, pero ese día con mas fuerza si cabe, recordaremos a nuestro gran Rey de España, ¡Viva el Rey!.

9/7/09

Legislación de Indias, en el S. XVI



Las dilatadas posesiones de España en América estaban sujetas a dos virreyes, encargados a la vez del gobierno civil y militar de Méjico y del Perú. Investidos además con el derecho de administrar justicia, presidían las audiencias, las cuales, establecidas en Méjico y Lima, juzgaban todas las causas civiles y criminales. De sus sentencias podía apelarse al consejo de Indias, pero la gran distancia se oponía a toda intervención regular de este tribunal supremo y hacía casi absoluta, la autoridad de los virreyes. Las órdenes mas terminantes de Madrid, quedaban a veces sin ejecución, y en este caso, leida solemnemente la real cédula en audiencia plena, el virrey pronunciaba estas palabras consagradas por el uso: "La obedezco, pero no la cumplo, porque tengo que representar sobre ella".


Los virreyes de Méjico y del Perú, no podían permanecer en sus puestos mas de 7 años, pero enviando presentes a los ministros del rey y a los consejeros de Indias influyentes, conseguían quedarse en ellos por otros muchos mas.

7/7/09

Las leyes en la Corona de Castilla, en el S. XVI





Comprendía la Corona, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva o Reino de Toledo, el de León, el de Galicia, el de Asturias y los reinos de Córdoba, Granada, Jaén, Sevilla y Murcia. En él tenía su asiento el gobierno central, especialmente desde que Felipe II convirtió en corte permanente la villa de Madrid, y en él también como hemos dicho, era el poder real muy fuerte y respetado. Sin embargo no se crea que hubiese desaparecido todo vestigio de la libertad antigua; por el contrario, se conservaban varios mas o menos desnaturalizados, mas o menos decaidos, y además de las cortes que se reunieron con mucha frecuencia, excepto en el reinado del último monarca, existían aun las municipalidades con sus franquicias e independencia.





En la elección de los miembros que componían los capítulos o cabildos, no podía el rey intervenir lo mas mínimo, y los elegidos debían unicamente su autoridad, al voto de sus conciudadanos. Los de Sevilla, Granada y Córdoba se componían cada uno de 24 hidalgos y en ellos y en un alguacil mayor que los asistía, cuyas funciones eran hereditarias, descansaba todo el peso del gobierno y de la administración local. Quedaban además las órdenes militares, que si bien reconocían por gran maestre al soberano, no dejaban de embarazar la acción del poder real en sus dilatadas posesiones con sus leyes y fueros especiales, y existía, aun por fin, la aristocracia eclesiástica y seglar con sus cuantiosas rentas, sus vastos dominios y con el prestigio que daba a sus miembros su antiguo nombre, su ministerio y el gran número de hidalgos pobres que mantenían en sus casas.





En Madrid residían el Gobierno y los grandes consejos auxiliares de la corona, para cada uno de los reinos y territorios agregados a ella, a los que, como sabemos, dio Felipe II su organización definitiva. El de Castilla, sucesor del de Estado, tomaba la iniciativa en todas las grandes disposiciones que se rozaban con los intereses generales de la monarquía. El número de plazas del Consejo Real fue fijado en 16 por aquel mismo monarca, quien dispuso que fuesen letrados todos sus miembros; Carlos II añadió 4 plazas mas, y ya antes Felipe IV había aumentado su poder autorizándole, no solo para representar, sino para replicar a sus resoluciones. El progresivo decaimiento a que venían las cortes, fue causa de que ejerciese con frecuencia funciones legislativas, administrativas y judiciales, hasta el punto de expedir de orden del rey y a veces sin ella, pragmáticas, cédulas y decretos, reglamentos y circulares.





Sobre Castilla pesaban principalmente las cargas de la monarquía, que tan onerosas se hicieron desde el reinado de Felipe II; los reinos aragoneses, Navarra y las Provincias Vascongadas hallaban en sus franquicias medio de eludir casi siempre las exigencias del rey, y esto al propio tiempo que contribuía a que estos pueblos se aferraran mas a sus leyes particulares, aumentaba el encono con que eran mirados por los castellanos, envanecidos por ocupar el primer puesto en la monarquía y por el monopolio del tráfico de Indias, que exclusivamente se habían reservado. Y no solo a aquellos reinos afectaban tratar como pueblos conquistados, sino también a los andaluces. Basta leer en el final de los Anales de Gerónimo de Zurita la relación que hizo al consejo del rey, Alfonso de Santa Cruz (a su dictamen contestó con una apología de la obra, el cronista de Felipe II, Ambrosio de Morales, y aquélla se imprimió en 1610), encargado por el mismo de dar su dictamen acerca de la obra, antes de su impresión, para conocer los celos y las rivalidades que abrigaban castellanos y aragoneses y cual era el afán de los primeros por disminuir y empañar las glorias mas legítimas de la historia de estos reinos. España, país del heroísmo y del valor, no podía avenirse con la homogeneidad, pues siempre ha de ser base de aquél, un individualismo fuerte y poderoso.

6/7/09

José María de Pereda


..."Pero llegó el S. XIX, hijo legítimo de la glacial filosofía del XVIII, y la masa dócil a tantas voluntades durante tantos siglos de controversias y de charlatanes, endurecióse como el mármol, y hasta el mas lerdo se convenció de que en estos días esplendorosos, de luz y de pronunciamientos, ya no cabe el cisma, por la sencilla razón de que el que se separa de la verdad católica no es para proclamar otra creencia, sino para dudar de todas; y dudar de todas equivale a carecer de entusiasmo, que es hijo de la fe; y careciendo de fe y de entusiasmo, no cabe la disputa ni, por consiguiente, la escuela. Es decir, que los disidentes de la verdad "ya no creen brujas", o, hablando mas en "carácter de época", están "curados de espantos", en plena despreocupación. Deducción lógica de esto: no puede darse una ocasión que sea menos a propósito que la presente, para fundar sectas religiosas y sistemas filosóficos.

Desde que el mundo es mundo, se han hecho los mayores esfuerzos para arrastrar a la razón humana a los extremos que mas la repugnan; jamás se ha visto mayor cúmulo de desatinos presentados como armas de seducción, unos en el campo religioso, otros en el filosófico y otros en el de la política; siendo inútil advertir que todas estas agrupaciones, tan diferentes entre sí, coinciden en un punto: el consabido odio a las viejas instituciones y creencias."

José Mª de Pereda (1833-1906): gran enemigo de la revolución liberal de 1868, diputado carlista en 1871. Uno de los grandes escritores españoles modernos, con un estilo caracterizado por el cuidado en el empleo del lenguaje narrativo y el diálogo, que refleja con esmerada fidelidad el habla local, cualidades que le llevaron a Clarín a decir de él que era un naturalista a su pesar. Un gran cántabro. In memoriam.

3/7/09

Oración para el viaje


Para todos aquéllos que estáis a punto de salir de viaje, ahora que comienza julio. Una buena oración.

La Nobleza


Decía Luis Vives: "La verdadera y sólida nobleza nace de la virtud. Necedad es gloriarte de un padre noble, si tú eres vil y mancillas con tu torpeza la hermosura de aquel linaje".

En su obra Le marquise de Lourore, dice Edmond About: "Un hijo de casa noble abofeteará al insolente que ponga en duda la virtud de su madre; sin embargo, él mismo no oculta que su abuela tuvo ciertos devaneos; y, en cuanto a su tatarabuela, si por ventura obtuvo favores de Luis XV su vanagloria es grande. De este modo, la vergüenza de los nuestros, a medida que se aleja de nosotros, se convierte en gloria."

Un grande de España se dirigió un día al general Weyler, que acababa de ser elevado a la grandeza, y le tuteó:
-¿Quién le ha dado permiso para tutearme?- le dijo el general.
-Es costumbre entre nosotros los grandes-dijo el otro.
-Pues sepa usted, mozuelo, que mi grandeza empieza en mi.

A la muerte del gran hereje Lutero en 1546, los protestantes manifestaron frecuentemente su rebeldía contra la Iglesia. Carlos I de España, de acuerdo con el Papa y con su hermano Fernando, a quien había cedido los dominios hereditarios de Alemania, resolvió hacerles la guerra. El 24 de abril de 1547, obtuvo el emperador la victoria de Mühlberg; en ella hizo prisionero al príncipe elector de Sajonia, cuya vida ofreció a su esposa a cambio de la ciudad de Wittemberg, en cuya catedral o iglesia del castillo había clavado, años antes, Lutero sus célebres 95 tesis. En la propia iglesia estaba enterrado Martín Lutero, y el duque de Alba propuso a Carlos I que desenterrase el cadáver, lo quemase y aventase las cenizas, a lo que el emperador respondió:
-Dejémosle reposar: ya ha encontrado a su juez. Yo hago la guerra a los vivos y no a los muertos.

Cuando el barcelonés Pedro Maristany fue nombrado conde de Lavern, un amigo le dijo:
-No sé, te encuentro un poco pachucho, ¿qué te pasa?
-Debe ser el cambio de sangre-respondió Maristany.
Del mismo se cuenta que encargó a su criada que, a todos los que iban a felicitarle por el título, contestase:
-El señor no está en casa. Ha salido a probarse la armadura.

Un día, Napoleón, con cierta ironía e incredulidad le preguntó al príncipe Massimo, italiano célebre por su extensa genealogía:
-¿Es verdad, príncipe, que creéis descender de Fabio Máximo Cunctator?
-No lo sé, sire. Lo único que puedo deciros es que es un rumor que desde hace 2.000 años corre por nuestra familia.

Carlos Fisas

Mas banderas del Requeté (y una foto histórica)


Del libro "Banderas de la Guerra Civil española". Foto: se trata de la entrada victoriosa de las brigadas navarras en Tarragona.

30/6/09

El cura pitillo



Esto si que es un anuncio de tabaco y no las mariconadas del Marlboro. Para todos aquellos que fumamos poco (obviamente que los carreteros tomen nota), hagamos caso al pater pitillo y fumemos todavía menos, porque ya se sabe que un par, o tres cigarrillos al día, son un auténtico placer; lo demás, puro vicio.



PD1: Pincha la imagen si no te quieres quedar ciego intentando leerla.


PD2: Lo ideal es no fumar, pero para aquéllos que somos débiles, al menos fumemos poco y con moderación.

Don Diego Hurtado de Mendoza, la espada y la pluma


Ocupa el primer lugar entre los historiadores particulares y ha merecido ser comparado a Salustio por su robusta concisión, por lo enérgico, preciso y sentencioso. Nació don Diego en Granada por los años de 1503, y luego de haber aprendido en aquella ciudad la gramática y algunas nociones de lengua arábiga, pasó a Salamanca a estudiar las lenguas latina y griega, la filosofía y ambos derechos.

Deseoso de adquirir nombre entre los guerreros de su tiempo, voló a Italia, donde militó muchos años bajo los ejércitos de Su Majestad imperial el rey Carlos; pero era tanta la afición que conservaba a las letras entre el estruendo y la inquietud de las armas, que aquel ocio que le permitían las temporadas de sus cuarteles de invierno, lo empleaba en visitar las mas célebres universidades de aquel país, oyendo y consultando los mayores sabios, que eran entonces su ornamento. Prendose el emperador de su vasta erudición y lo empleó en arduos negocios de estado en Venecia y Roma. Asistió al Concilio de Trento, y después de una ausencia de 30 años, muerto el emperador, volvió a España fijándose en Madrid con plaza en el consejo de Estado; pero incurrió pronto en la desgracia de Felipe II, y retirado a Granada volvió a darse por entero a sus estudios, enriqueciendo a España con los centenares de códices arábigos, que fue reuniendo. Vuelto a la corte y a la gracia del rey, murió en 1576.

La obra que le granjeó mas celebridad fue su Historia de la guerra contra los moriscos de Granada. Es Mendoza, el primer historiador español que supo hermanar la elocuencia con la política, es decir, supo juntar en una misma obra, el arte de escribir bien con el de pensar. Su expresión, que es nerviosa y concisa, forma un estilo grave tan lleno de cosas como de palabras, al cual da gran realce el uso oportuno de profundas sentencias y reflexiones. El corte de la frase es constantemente latino, unido no obstante a la grandiosidad castellana, pero si su elocución es noble, enérgica y grave, ha de confesarse que no es siempre fácil y natural en aquellos rasgos en que manifiesta su esmero en imitar la brevedad y rapidez de Salustio o de Tácito, si ya no era este rigor de laconismo, hijo de la severidad de su condición.

El padre Mariana, príncipe de los historiadores y siempre polémico



Fue el padre Juan de Mariana, jesuita, el primero en escribir en España, una historia general completa, que a la buena coordinación de los hechos reuniese la hermosura del lenguaje y que por su mérito particular se granjease general aprecio. Antes de él, no había que pedir gran crítica ni filosofía a los historiadores de aquel tiempo, siglo XVI, harto hacían con recoger datos esparcidos en monumentos y cronicones y ordenarlos del mejor modo posible; en la forma, no se arredraban ante el inconveniente de dar a sus obras una extensión desmedida; pertencientes a una época de erudición y de estudios concienzudos, se complacían en los mismo pormenores, en la misma pesadez que ahora nos cansa y abruma, y tomando por modelo a los autores de la antigüedad, gustaban, a imitación suya, de largas descripciones de sitios y batallas, y de las pomposas arengas.

Esteban de Garibay, autor del Compendio historial de las crónicas y universal historia de todos los reinos de España, al cual añadió algunos años después las Ilustraciones genealógicas de los católicos reyes de las Españas, mereciéndose por su trabajo ser premiado por Felipe II, tiene una obra excelente para consulta, desde los tiempos remotos a la toma de Granada, pero su estilo es poco agradable, aunque sencillo y natural. Sepúlveda, Sandoval y Pedro Mejía escribieron también historia, pero meras crónicas.

Volviendo al padre Mariana, fue su Historia General de España, que escribió en latín, la que hizo célebre su nombre, impresa por vez primera en Toledo en 1592. La celebidad que su obra obtuvo, obligole a completarla y a verterla en castellano. Limitose a reducir a forma histórica los infinitos materiales que andaban dispersos en los cronistas e historiadores que le precedieran: su intento, no fue escribir historia, sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido. El deseo de imitar a Tácito, la severidad de sus costumbres y la entereza de su carácter hicieron que el jesuita, que por nada se desviaba de lo que entendía ser justo y honesto, sazonara su historia con duras reflexiones, que por algunos han sido atribuidas a deseo de lastimar el crédito de la nación y el honor de sus reyes; pero mucho mas fundado que éste, es el cargo de haber hecho traición a la verdad, por no haber sabido distinguirla entre los errores de los monumentos, y haber admitido fábulas y consejos que arrancaron a él mismo aquellas palabras: plura transcribo quam credo. Estos defectos, empero, lo mismo que los vacíos que en su obra se observan, sobretodo respecto de la dominación árabe, se comprenden en su época y pueden ser mas o menos disculpados por la falta de buenos guías, no habiendo impedido que la Historia General, escrita con estilo grave, terso y grandioso, sin los lunares de la afectación ni de los vanos adornos, mereciese la preferencia entre todas las que hasta su tiempo vieron la luz pública y que diese a su autor el título de “príncipe de los historiadores de España”, a ninguno comparable y superior a todos.

26/6/09

La poesía sagrada


La Poesía Sagrada, cultivada durante nuestro Siglo de Oro, aunque ya sea por el carácter humilde y la excesiva modestia de sus autores, ya por la incuria de los que las publicaban sin reunirlas en colecciones, ya por el espíritu poco religioso que dominó generalmente en la literatura del último siglo, son harto escasas las riqueza poéticas que de este género nos quedan, y pocos los poestas religiosos que se han salvado del olvido. Entre ellos brilla en primera línea fray Luis de León, quien conócese haber nacido para esta clase de composiciones. Siempre que pulsa la lira para objetos sagrados, dice Gil de Zárate, un dulce éxtasis le eleva a los campos de la contemplación y prorrumpe en exclamaciones que salen del fondo de su alma, o bien pinta la mansión celeste descrbiéndola con expresiones místicas que, unidas a la suavidad de la versificación, producen un encanto inexplicable, no pareciendo sino que se escucha, la dulce armonía de los ángeles.

San Juan de la Cruz, fray Pedro Malón de Chaide, el Padre José de Sigüenza y otros autores profanos como Lope de Vega, Calderón, Jáuregui, Montalván, Vélez de Guevara, Rojas, Francisco Ballester, etc…dedicáronse con mas o menos ahínco a esta poesía, y a fines del S. XVI publicose ya una colección de romances místicos, con el título de Avisos para la muerte, compuestos a competencia por varios ingenios de aquel tiempo y aumentada después por otros del siguiente. En muchas de sus composiciones se advierte ya la sutileza mas que la verdadera efusión que ellas respiran, está ya muy distante de las sublimes inspiraciones de León y de San Juan de la Cruz.

En este género, no podía menos de encontrar ancho campo el alma ardiente y apasionada de Santa Teresa; bajo su pluma, la poesía religiosa toma los acentos de fogoso arrebato, de encendido amor, de florida armonía que la ditinguen en los países meridionales; y menos sujeta Teresa que otros autores a la imitación de los libros sagrados, muéstrase mas original, mas tierna, mas risueña. Sus mejores poesías, son los versos al amor de Dios, y un soneto a Cristo crucificado, que dice así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por esto de ofenderte.
Tú me mueves, mi Dios; muéveme al verte
Clavado en esa cruz y escarnecido;
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
Muévenme las angustias de tu muerte.
Muévenme, en fin, tu amor de tal manera,
Que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
Y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera:
Porque si cuanto espero no esperara
Lo mismo que te quiero te quisiera.

24/6/09

¿Cuándo comienza la vida?


Cuando los gametos se unen, es decir, un óvulo y un espermatozoide, se produce la fertilización, y desde ese momento está viviendo una persona humana. Constituyen desde entonces un conjunto estructural y bioquímico de características únicas. Y a partir de ese momento, como consecuencia de los procesos bioquímicos producidos, en la nueva célula han quedado marcados, escritos, por decirlo así, los planes del desarrollo de un nuevo organismo, que se manifiesta en una extraordinaria capacidad funcional. Se produce un incremento en el consumo de oxígeno, que marca el proceso de la fecundación. Es decir, cuando los componentes bioquímicos de un espermatozoide han quedado incluidos en el óvulo, se ha producido el origen de una nueva vida, y ha quedado allí trazado el conjunto de las instrucciones que dirigen el desarrollo de un nuevo ser. El óvulo fertilizado ha adquirido plena capacidad para alcanzar su desarrollo completo, por un mecanismo de extrema complejidad, determinado ya desde la fecundación, sin que las relaciones funcionales entre el organismo de la madre y del feto, afecten en nada a este determinismo. Las relaciones entre el organismo de la madre y el del embrión se establecen desde el momento de la implantación, es decir, cuando el blastocisto se fija en el endometrio. Pero lo evidente es que la implantación no añade nada a la capacidad del organismo embrionario para terminar su desarrollo.

Por la implantación y el desarrollo de la placenta en una fase ulterior, el embrión dispone de un medio adecuado que garantiza el aporte de sustancias nutritivas y la respiración celular. Pero esto no es nada esencial en cuanto a la potencialidad y la predeterminación del desarrollo, según el plan establecido en la fecundación. Suponer que el embrión no vive propiamente hasta la implantación, resulta tan pintoresco como sería suponer que el feto no vive hasta que respira aire atmosférico. Mas claro, cuando impiden el desarrollo embrionario evitando la implantación, lo que hacen es lo mismo que impedir el desarrollo del recién nacido por falta de oxígeno y nutrición. Presentar las cosas de otra manera es incompatible con la realidad de los hechos biológicos.

La interrupción de la vida de un ser humano en las primeras fases del desarrollo embrionario, muchos ya lo aceptan por desconocer la moral, y por eso no necesitan negar el hecho biológico decisivo. Pero hay quienes no tienen reparo en destruir una vida humana, siempre que puedan aprovecharse de lo que sea para decir (aunque en el fondo comprendan la verdad) que no era vida humana. Son de esos que valoran los hechos científicos solo en la medida en que valen o se oponen a sus prejuicios conceptuales, y por eso, cuando el hecho de que la vida empieza con la fertilización les estorba, sustituyen los hechos biológicos por frases, para llegar a la conclusión premeditada que encaje con sus conveniencias.

EN 1975, DR. JUAN JIMÉNEZ VARGAS y DR. GUILLERMO LÓPEZ GARCÍA, profesores de la Universidad de Navarra.

Un médico norteamericano dijo una vez: “Por convenientes, convincentes o perentorios que puedan ser los argumentos esgrimidos a favor del aborto, siempre persiste el hecho de que el suprimir una vida, aun cuando ésta no haya brotado a la luz, corta de raiz la propia esencia del principio de que la vida de nadie, por indeseada e inútil que parezca, no puede terminarse con el fin de buscar la salud y felicidad de otro ser humano”.

La Asociación de médicos franceses para el respeto de la vida, ya en 1973, recogió 10.000 firmas de médicos galos, suscribiendo un manifieso contra el aborto, que se publicó en junio de ese mismo año:

“En cada instante de su desarrollo, el fruto de la concepción es un ser vivo, especialmente distinto del organismo materno que lo acoge y alimenta (…) Desde la fecundación hasta la senectud, es ese mismo ser vivo el que se forma, madura y muere. Sus particularidades lo hacen único y, por tanto, irreemplazable (…) Igual que el médico permanece al servicio de la vida que agoniza, de la misma manera la protege desde su comienzo. El respeto absoluto debido a los pacientes no depende ni de la edad, ni de la enfermedad o dolencia que pueda abatirlos (…) Ante situaciones de peligro cuyas consecuencias puedan ser trágicas, el deber del médico es poner todos los medios para socorrer tanto a la madre, como a su hijo. Por tanto, no es un acto propio de un médico la interrupción deliberada de un embarazo por razones de eugenismo, o para resolver un conflicto moral, económico o social”.

AUN ASÍ, SIEMPRE HABRÁ GENOCIDAS Y ADEFESIOS PUTONES FEMINISTAS, QUE EN NOMBRE DE UN SUPUESTO DERECHO A DECIDIR SOBRE SUS PROPIOS CUERPOS PUTREFACTOS Y CARENTES DE ALMA HUMANA, DE UN DERECHO A ASESINAR, LEGALMENTE AMPARADO POR EL PROPIO ESTADO, SEGUIRÁN (EN NOMBRE DEL PROGRESO, LA CONCORDIA, EL BUEN ROLLO, LA PAZ MUNDIAL Y LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES, Y LA MADRE QUE LOS PARIÓ, DESGRACIADAMENTE, A TODOS) CON SU SATANASADA (QUE NO CRUZADA) PARTICULAR DE DEFENSA Y REIVINDICACIÓN DEL EXTERMINIO DE SERES INOCENTES E INDEFENSOS.

DIOS SE APIADE DE SUS ALMAS.

Así aconsejaba Carlos I a su hijo Felipe


Cuando el primero de mayo de 1543, Carlos confió la regencia a su hijo Felipe, que contaba entonces 16 años, sujetole a la dirección general de un consejo compuesto por don Fernando de Toledo, Duque de Alba, el cardenal Tavera y el comendador Francisco de los Cobos, y dirigiose en seguida a Barcelona dónde ya le esperaba el príncipe Andrés Doria con sus galeras; en ellas se embarcó con 8.000 veteranos españoles y 700 caballos.

Desde Palamós escribió Carlos a su hijo, prueba de cómo velaba por Felipe y se esforzaba en formar su carácter. Así le escribía:

“El Duque de Alba, es el hombre de estado mas inteligente y el mejor soldado de mis reinos; no dejéis de consultarle en todos los asuntos militares, pero no os fiéis enteramente en él. En ésas ni en otras cuestiones, sean las que fueren, no confiéis en nadie, sino en vos mismo. Mucho desearían los grandes, granjearse vuestro favor y gobernar en vuestro nombre el país; pero si tal cosa consintierais, vuestra ruina sería cierta. Empleadlos a todos, servíos de ellos, pero no os apoyéis exclusivamente en ninguno; en cuantos conflictos caigan sobre vos, confiad siempre en Dios y no penséis sino en Él”.

El emperador habla en seguida del comendador Cobos, a quien representa como un hombre harto aficionado a los placeres, y con este motivo explica a Felipe las consecuencias de una vida disoluta, funesta a la vez para el alma y para el cuerpo, advertencia al parecer muy oportuna por la afición a los galanteos que manifestaba don Felipe: “Finalmente, aun cuando haya de estar satisfecho de vuestra conducta, no olvidéis que quisiera miraros perfecto, y hablando con franqueza y por mas que muchos digan lo contrario, observo todavía cosas que reprender en vos. Es vuestro confesor, vuestro antiguo maestro el obispo de Cartagena, y aunque excelente varón, como todo el mundo sabe, espero que se mostrará mas cuidadoso de vuestra conciencia, de lo que lo fue de vuestros estudios, y que sobre este punto, no ha de ser tan llano y tan fácil como sobre el otro”.


Emotivas fueron sin duda, de las últimas palabras que el emperador dirigió a su hijo: "Si los vastos dominios que hoy entráis a gobernar os hubiesen tocado por herencia, sin duda que deberíais alimentar en vuestro pecho, grande y justo agradecimiento; pues ¡cuánta mayor no ha de ser vuestra gratitud al veniros por libre don, en vida de vuestro padre! Con todo, por grande que sea vuestra deuda, la consideraré pagada si cumplís con vuestro deber respecto de vuestros súbditos. Continuad como habéis empezado: tened inviolable respeto a la religión; mantened la fe católica en toda su pureza; sean sagradas para vos, las leyes de vuestro país, y si algún día, cargado de años y enfermedades, deseáis como yo gozar del sosiego de una vida privada, ¡ojalá que Dios os recompense con un hijo que por sus virtudes merezca que le cedáis el cetro, con la satisfacción con que yo os lo cedo agora!". Felipe, vivamente afectado, quiso arrojarse a los pies de su padre protestando de su deseo de hacer cuanto en él estuviese para corresponder a tanta bondad; pero Carlos se apresuró a levantarlo y le dio un tierno abrazo, regando en llanto sus cabellos. Todos los asistentes a aquel acto, estaban conmovidos ante aquel espectáculo, y no se oían en la sala (cuenta un testigo presencial: Sir John Masson, ministro de Inglaterra en la corte de Carlos) sino sollozos y gemidos a duras penas sofocados. Carlos, extenuado, con las facciones invadidas por mortal palidez, cayó en su trono exclamando con voz débil y recorriendo con sus miradas la asamblea entera: "¡Hijos míos, quedaos a Dios!".

17/6/09

Sobre el poder del rey


Decía el padre jesuita Juan de Mariana: "El rey, ejerce con mucha moderación la potestad que recibió del pueblo...así, no domina a sus súbditos como esclavos a la manera de los tiranos, sino que los gobierna como a hombres libres, y habiendo recibido del pueblo la potestad, cuida muy particularmente de que durante toda su vida se le conserve sumiso de buena voluntad".

Acerca de esta libertad con que se trataba en España de los puntos mas importantes de derecho público, es notable la siguiente anécdota que retrata bien las ideas y costumbres de aquellos tiempos tan desconocidos y desfigurados por los nuestros. Reinando Felipe II, cierto orador afirmó en un sermón en presencia del monarca, que los reyes tenían poder absoluto sobre las personas de sus vasallos y sobre sus bienes. Hombres gravísimos en dignidad, en letras, en limpieza de pecho cristiano y entre ellos persona que en España tenía lugar supremo en lo espiritual y que había tenido antes oficio, en el juicio supremo de la Inquisición (el nuncio de Su Santidad), calificaron por muy escandalosas semejantes palabras, a lo que nos dice el secretario Antonio Pérez. Delatado el predicador al Santo Oficio, instruyose expediente, y aquél, a mas de varias penitencias que se le impusieron, fue condenado a retractarse publicamente de su dicho como de proposición errónea, leyendo en un papel que le fue entregado, estas notabilísimas palabras: "Porque, señores, los reyes no tienen mas poder sobre sus vasallos del que les permite el derecho divino y humano, y no por su libre y absoluta voluntad".

He ahí, el por qué y la razón de la monarquía hispánica tradicional, tan lejos del absolutismo y de la pelele monarquía liberal.

15/6/09

Zumalacárregui, the modern Cid

Spain for years past has had its double king,—a king in possession and a king in exile, a holder of the throne and an aspirant to the throne. For the greater part of a century one has rarely heard of Spain without hearing of the Carlists, for continually since 1830 there has been a princely claimant named Charles, or Don Carlos, struggling for the crown.
Ferdinand VII., who succeeded to the throne on the abdication of Charles IV. in 1808, made every effort to obtain an heir. Three wives he had without a child, and his brother, Don Carlos, naturally hoped to succeed him. But the persistent king married a fourth time, and this time a daughter was born to him. There was a law excluding females from the throne, but this law had been abrogated by Ferdinand to please his wife, and thus the birth of his daughter robbed Don Carlos of his hopes of becoming king.

Ferdinand died in 1833, and the infant Isabella was proclaimed queen, with her mother as regent. The liberals supported her, the absolutists gathered around Don Carlos, and for years there was a bitter struggle in Spain, the strength of the Carlists being in the Basque provinces and Spanish Navarre, —a land of mountaineers, loyal in nature and conservative by habit.

The dynasty of the pretender has had three successive claimants to the throne. The first Don Carlos abdicated in 1844, and was succeeded by Don Carlos the Second, his son. He died in 1861, and his cousin, Don Carlos the Third, succeeded to the claim, and renewed the struggle for the crown. It was this third of the name that threatened to renew the insurrection during the Spanish-American war of 1898.
This explanation is necessary to make clear what is known by Carlism in Spain. Many as have been the Carlist insurrections, they have had but one leader of ability, one man capable of bringing them success. This was the famous Basque chieftain Zumalacarregui, the renowned "Uncle Tomas" of the Carlists, whose brilliant career alone breaks the dull monotony of Spanish history in the nineteenth century, and who would in all probability have placed Don Carlos on the throne but for his death from a mortal wound in 1835. Since then Carlism has struggled on with little hope of success.

Navarre, the chief seat of the insurrection, borders on the chain of the Pyrenees, and is a wild confusion of mountains and hills, where the traveller is confused in a labyrinth of long and narrow valleys, deep glens, and rugged rocks and cliffs. The mountains are highest in the north, but nowhere can horsemen proceed the day through without dismounting, and in many localities even foot travel is very difficult. In passing from village to village long and winding roads must be traversed, the short cuts across the mountains being such as only a goat or a Navarrese can tread.

Regular troops, in traversing this rugged country, are exhausted by the shortest marches, while the people of the region go straight through wood and ravine, plunging into the thick forests and following narrow paths, through which pursuit is impossible, and where an invading force does not dare to send out detachments for fear of having them out off by a sudden guerilla attack. It was here and in the Basque provinces to the west, with their population of hardy and daring mountaineers, that the troops of Napoleon found themselves most annoyed by the bold guerilla chiefs, and here the Carlist forces long defied the armies of the crown.

Tomas Zumalacarregui, the "modern Cid," as his chief historian entitles him, was a man of high military genius, rigid in discipline, skilful in administration, and daring in leadership; a stern, grave soldier, to whose face a smile rarely came except when shots were falling thick around him and when his staff appeared as if they would have preferred music of a different kind. To this intrepid chief fear seemed unknown, prudence in battle unthought of, and so many were his acts of rashness that when a bullet at length reached him it seemed a miracle that he had escaped so long. The white charger which he rode became such a mark for the enemy, from its frequent appearance at the head of a charging troop or in rallying a body of skirmishers, that all those of a similar color ridden by members of his staff were successively shot, though his always escaped. On more than one occasion he brought victory out of doubt, or saved his little army in retreat, by an act of hare-brained bravery. Such was the "Uncle Tomas" of the Navarrese, the darling of the mountaineers, the man who would very likely have brought final victory to their cause had not death cut him off in the midst of his career.

Few were the adherents of Don Carlos when this able soldier placed himself at their head,—a feeble remnant hunted like a band of robbers among their native mountains. When he appeared in 1833, escaping from Madrid, where he was known as a brave soldier and an opponent of the queen, he found but the fragment of an insurgent army in Navarre. All he could gather under his banner were about eight hundred half-armed and undisciplined men,—a sorry show with which to face an army of over one hundred and twenty thousand men, many of them veterans of the recent wars. These were thrown in successive waves against Uncle Tomas and his handful of followers, reinforcement following reinforcement, general succeeding general, even the redoubtable Mina among them, each with a new plan to crush the Carlist chief, yet each disastrously failing.

Beginning with eight hundred badly armed peasants and fourteen horses, the gallant leader had at the time of his death a force of twenty-eight thousand well-organized and disciplined infantry and eight hundred horsemen, with twenty-eight pieces of artillery and twelve thousand spare muskets, all won by his good sword from the foe,—his arsenal being, as he expressed it, "in the ranks of the enemy." During these two years of incessant war more than fifty thousand of the army of Spain, including a very large number of officers, had fallen in Navarre, sixteen fortified places had been taken, and the cause of Don Carlos was advancing by leaps and bounds. The road to Madrid lay open to the Carlist hero when, at the siege of Bilboa, a distant and nearly spent shot struck him, inflicting a wound from which he soon died. With the fall of Zumalacarregui fell the Carlist cause. Weak hands seized the helm from which his strong one had been struck, incompetence succeeded genius, and three years more of a weakening struggle brought the contest to an end. In all later revivals of the insurrection it has never gained a hopeful stand, and with the fall of "Uncle Tomas" the Carlist claim to the throne seemingly received its death-blow.

The events of the war between the Navarrese and their opponents were so numerous that it is not easy to select one of special interest from the mass. We shall therefore speak only of the final incidents of Zumalacarregui's career. Among the later events was the siege and capture of Villafranca. Espartero, the Spanish general, led seven thousand men to the relief of this place, marching them across the mountains on a dark and stormy night with the hope of taking the Carlists by surprise. But Uncle Tomas was not the man to be taken unawares, and reversed the surprise, striking Espartero with a small force in the darkness, and driving back his men in confusion and dismay. Eighteen hundred prisoners were taken, and the general himself narrowly escaped. General Mirasol was taken, with all his staff, in a road-side house, from which he made an undignified escape. He was a small man, and by turning up his embroidered cuffs, these being the only marks of the grade of brigadier-general in the Spanish army, he concealed his rank. He told his captors that he was a tambor. In their anxiety to capture officers the soldiers considered a drummer too small game, and dismissed the general with a sound kick to the custody of those outside. As these had more prisoners than they could well manage, he easily escaped.
On learning of the defeat of Espartero the city surrendered. The news of the fall of Villafranca had an important effect, the city of Tolosa being abandoned by its garrison and Burgera surrendered, though it was strongly garrisoned. Here Charles V.—as Don Carlos was styled by his party—made a triumphal entry. He was then at the summit of his fortunes and full of aspiring hopes. Eybar was next surrendered, the garrison of Durango fled, and Salvatierra was evacuated.

Victory seemed to have perched upon the banners of the Navarrese, town after town falling in rapid succession into their bands, and the crown of Spain appeared likely soon to change hands. Zumalacarregui proposed next to march upon Vittoria, which had been abandoned with the exception of a few battalions, and thence upon the important city of Burgos, where be would either force the enemy to a battle or move forward upon Madrid. So rapid and signal had been his successes that consternation filled the army of the queen, the soldiers being in such terror that little opposition was feared. Bets ran high in the Carlist army that six weeks would see them in Madrid, and any odds could have been had that they would be there within two months. Such was the promising state of affairs when the impolitic interference of Don Carlos led to a turn in the tide of his fortune and the overthrow of his cause.

What he wanted most was money. His military chest was empty. In the path of the army lay the rich mercantile city of Bilboa. Its capture would furnish a temporary supply. He insisted that the army, instead of crossing the Ebro and taking full advantage of the panic of the enemy, should attack this place. This Zumalacarregui strongly opposed.

"Can you take it?" asked Carlos.
"I can take it, but it will be at an immense sacrifice, not so much of men as of time, which now is precious," was the reply.
Don Carlos insisted, and the general, sorely against his will, complied. The movement was not only unwise in itself, it led to an accident that brought to an end all the fair promise of success.
The siege was begun. Zumalacarregui, anxious to save time, determined to take the place by storm as soon as a practicable breach should be made, and on the morning of the day he had fixed for the assault he, with his usual daring, stepped into the balcony of a building not far from the walls to inspect the state of affairs with his glass.
On seeing a man thus exposed, evidently a superior officer, to judge from his telescope and the black fur jacket he wore, all the men within that part of the walls opened fire on him. The general soon came out of the balcony limping in a way that at once created alarm, and, unable to conceal his lameness, be admitted that he was wounded. A bullet, glancing from one of the bars of the balcony window, had struck him in the calf of the right leg, fracturing the small bone and dropping two or three inches lower in the flesh.
The wound appeared but trifling,—the slight hurt of a spent ball,—but the surgeons, disputing as to the policy of extracting the ball, did nothing, not even dressing the wound till the next morning. It was of slight importance, they said. He would be on horseback within a month, perhaps in two weeks. The wounded man was not so sanguine.
"The pitcher goes to the well till it breaks at last," he said. "Two months more and I would not have cared for any sort of wound."

Those two months might have put Don Carlos on the throne and changed the history of Spain. In eleven days the general was dead and a change had come over the spirit of affairs. The operations against Bilboa languished, the garrison regained their courage, the plan of storming the place was set aside, the queen's troops, cheered by tidings of the death of the "terrible Zumalacarregui," took heart again and marched to the relief of the city. Their advance ended in the siege being raised, and in the first encounter after the death of their redoubtable chief the Carlists met with defeat. The decline in the fortunes of Don Carlos had begun. One man had lifted them from the lowest ebb almost to the pinnacle of success.

With the fall of Zumalacarregui Carlism received a death-blow in Spain, for there is little hope that one of this dynasty of claimants will ever reach the throne.

By Charles Morris

10/6/09

Banderas del Requeté

Banderas del libro "Banderas de la Guerra Civil española", de algunos de los Tercios que combatieron en la Cruzada del 36. En requetes.com tienen expuestas en sitio de honor, la gran mayoría de ellas; yo solo copié aquéllas que le faltaban (la del Sagrado Corazón, fue la primera bandera requeté en ondear y por ende, la primera rojigualda desde los tiempos de la proclamación de la nefasta y criminal República).

Las extremas izquierdas

Me ha parecido interesante insertar aquí, parte del artículo de Fernando José Vaquero Oroquieta (si bien el texto íntegro, puede encontrarse en la revista Arbil Nº121):

(...)la lógica revolucionaria, marxista en definitiva, no es la lógica filosófica clásica ni, mucho menos, la simplemente común; incluso aunque muchos marxistas, aparentemente, ya pasen del Marx clásico y, en teoría, del mismísimo Lenin. La lógica revolucionaria de la extrema izquierda –y de otras izquierdas- se apoya en la dialéctica marxista. Ya saben: todo aquello de tesis, antítesis, síntesis; que puede derivar, sin sonrojo intelectual alguno, en la conciliación de los contrarios: la cuadratura del círculo.

La lógica revolucionaria únicamente se debe a la verdad revolucionaria, de modo que todo lo que suponga un avance para la causa revolucionaria es válido, y cuanto se le oponga, un obstáculo a eliminar. Verdad y mentira, desde esta perspectiva, devienen en categorías totalmente relativas y susceptibles de usos, manipulaciones, alteraciones; siempre, en aras del ideal revolucionario. Por ello, un día, desde ese tinglado electoral se puede rechazar la violencia terrorista –la lucha armada, la siguen denominando sin rubor alguno- y, al día siguiente, negarse a condenarla por considerarla inútil y un simplismo. ¿Mienten, acaso se contradicen? Para nada. ¡Sólo mienten los reaccionarios! Si se mira la realidad desde su peculiar óptica, mentir o ser veraces son actitudes totalmente secundarias en aras de los objetivos de su totalitaria cosmovisión. La verdad es lo apropiado… en el momento histórico concreto; siempre de cara al fin grandioso de la Revolución. En el marxismo, desde siempre, las cosas no siempre son lo que parecen ser (...)

Enésimo intento de reformulación de las extremas izquierdas
En unas ocasiones dentro, y en otras fuera, de Izquierda Unida, existe una galaxia de grupos y grupitos de la extrema izquierda que cubren un colorista arco iris: desde antiguos trotskistas, pasando por maoístas, pro-soviéticos, anarco-comunistas, ecosocialistas, feministas radicales, rojos, rojísimos e hiperrojos, etc., etc. Se mueven como formaciones políticas, pero también en todo tipo de asociaciones y plataformas solidarias con las más variadas causas: desde la lucha antinuclear, hasta el impulso al neosocialismo indigenista hoy en boga por América Latina. Se unen, se dividen, se coaligan, se escinden, desaparecen… Son cientos de siglas de todo tipo. Su vida se resume en aquel dicho, tan mentado años atrás: “un trotskista, un partido; dos trotskistas, una escisión”. ¡Criaturas!: son así, y no pueden evitarlo.
Por cierto, entre tal cantidad de siglas y tendencias, ¿no han advertido una ausencia? Efectivamente: no hablamos de pacifistas. De hecho, es algo que les une a todos ellos: la violencia puede ser legítima. Así, jamás condenarán el Gulag, ni las matanzas de la Revolución Cultural china, ni el terrorismo de extrema izquierda. Si quieren encontrar ustedes propuestas supuestamente pacifistas, búsquenlas en otras listas, como Europa de los Pueblos-Verdes, en la que recalan históricas siglas de otra “nueva izquierda”, como Aralar, BNG, EA, ERC, CHA, etc.
Volvamos a quienes nos ocupan. No pocos de los militantes de esa colorista y heterogénea galaxia lo hacen simultáneamente en Izquierda Unida; en Comisiones Obreras, en otras centrales sindicales de izquierda y nacionalistas; en organizaciones vecinales; en ONG’s, grupos ecologistas y antinucleares; como okupas... y lo que haga falta.
Forman, en definitiva, una compleja red, muy presente también en Internet, difícilmente accesible e inteligible, en sus debates y lugares comunes, para un profano ajeno.
Uno de sus objetivos siempre presente, aunque hasta ahora demorado, además de “hacer la revolución” a la que jamás han renunciado, es la “unidad” de la izquierda radical; con o sin Izquierda Unida.
Y en ello estaban, entre otras muchas cosas, cuando Iniciativa Internacionalista se formó en competencia con otras listas radicales a Europa; todas ellas tratando de situarse las primeras en el desfile.


Veamos las más significativas:
- Unificación Comunista de España. Peculiar grupúsculo inicialmente maoísta capaz de coquetear, en algún momento de su historia, con Izquierda Unida, el Foro de Ermua… ¡y el partido de Rosa Díez! No podrán contar con ellos, siempre prestos a cualquier pirueta imprevisible. Hipercríticos con ETA y partidarios de la unión nacional española. Se les ha acusado de secta. Raros, muy raros.
- Partido Comunista de los Pueblos de España. Lo que queda de la antigua escisión pro-soviética de Ignacio Gallego, de 1983, del Partido Comunista de España cuando éste, de la mano de Santiago Carrillo, se apuntó al efímero “eurocomunismo” marcando distancias con la todavía exultante Unión Soviética. Son pocos, pero dan guerra. Y permanecen en pie a la espera de una ocasión.
- Izquierda Anticapitalista. Fórmula electoral de los ancianos neotrotskistas herederos de la LCR y el MCE; imitadores del sorprendente resurgir francés de la extrema izquierda de la mano del Nuevo Partido Anticapitalista, de Olivier Besancenot, descendiente directo de la histórica LCR gala.


El sueño de todos ellos, y de otros tantos que ni siquiera participan en alguna de tales listas, sería la unidad, la confluencia en un único proyecto revolucionario; pero liderándolo. ¡Hay que reconquistar el Palacio de Invierno! Pero ni lo han conseguido hasta ahora, ni lo harán jamás.
Arrastran demasiadas historias de enfrentamientos sectarios, diferencias ideológicas, desafectos personales, rivalidades organizativas, puñaladas traperas, fidelidades inquebrantables… Con sus limitaciones, y en ocasiones sorprendentes capacidades, ahí están y seguirán. Y todos quieren arrimar el ascua a su sardina. Por ello, nunca podrán todos ellos confluir en una única plataforma. Pero los más decididos, los más capaces y audaces, tal vez puedan aglutinar a un buen número de ellos...
Todas esas listas electorales son expresiones tácticas de los diversos movimientos producidos en esa dirección. De los resultados alcanzados se derivarán posiciones de fuerza y autoridad en esa área que les harán valer frente a los rivales; se juegan el liderazgo de ese espacio en ebullición. No conseguirán unirse, pero lo seguirán intentando: está en el código genético… de su ideología.
Conclusiones
Tras este recorrido, se imponen unas breves conclusiones.
Iniciativa Internacionalista es un fruto táctico de la atracción ejercida por ETA y su MLNV en un sector de la extrema izquierda española.
Los beneficios de la operación se reparten tanto entre ETA, como entre sus simpatizantes neocomunistas españoles.
Iniciativa Internacionalista ha metido un gol al Estado español. De conseguir un escaño, proporcionará un importante altavoz a ETA; lo que supone un retroceso en la lucha antiterrorista y la pérdida de prestigio internacional de España.
Iniciativa Internacionalista pretende, además, liderar el proceso de redefinición de las extremas izquierdas ibéricas en un momento en el que varios candidatos aspiran a encabezar una alternativa radical con/frente Izquierda Unida.
En resumen, si Pamplona es la Jerusalém de los vascos, que decía Otegi, Euskadi es paraíso terrenal de los "abertzales" de todo el mundo. De tantos y tan paradójicos internacionalistas/nacionalistas. La revolución pendiente en marcha. La revancha de las nacionalidades proletarias. La aurora. La cuadratura del círculo. Ni más ni menos.

Los Países Bajos españoles (S. XVI)

[Marquesado de Anvers, Condado de Artois, Ducado de Brabante, Condado de Flandes, Señorío de Frisia, Señorío de Groninga, Ducado de Gueldre, Condado de Hainaut, Condado de Holanda, Ducado de Limburgo, Ducado de Luxemburgo, Marquesado de Namur, Señorío de Overijsel, Señorío de Tournai, Señorío de Utrecht, Condado de Zelanda, Condado de Zutphen]

En las 17 provincias que constituían los Países Bajos antes del levantamiento y en las 10 que después de él, quedaron sujetas a la dominación de España, nombraba el virrey o gobernador general todas las autoridades superiores; en sus manos y en las de sus representantes, estaba la administración de justicia; nombraba a los regidores, que desempeñaban las funciones de jueces, excepto en Valenciennes, que los nombraba por sí misma, y a los bailes que tenían el cargo de fiscales. Los tribunales de Flandes, la cancillería de Brabante y el alto tribunal de Malinas recibían de él sus asesores y su sueldo.

Antes de entrar en el ejercicio de sus funciones, el virrey, juraba la observancia de los estatutos, privilegios, cartas de franquicia, exenciones, inmunidades, derechos señoriales y en una palabra, todas las leyes de las diferentes provincias. En el desempeño de su cargo ayudábanle, como sabemos, un consejo de estado y otros especiales para la administración de justicia y el manejo de los caudales públicos.

Cada provincia tenía sus leyes particulares y su institución distinta; un privilegio de los Brabantinos, los absolvía del juramento de fidelidad, en caso de violar el príncipe las leyes del país; Malinas estaba exenta de todo tributo sobre los bienes raices de su clase media, y en ninguna provincia podía imponerse contribución o pecho alguno sin la anuencia de los estados, que se componían de los representantes del clero, de la nobleza y de las municipalidades; su organización, el número de diputados, su influencia y la extensión de su poder, variaban en las diferentes provincias. El virrey podía convocar los diputados de todas a asamblea general, pero como era necesaria la unanimidad de votos para hacer obligatorias las decisiones de los estados generales, raras vces los convocaba y prefería tratar sucesivamente, con los estados de cada provincia.