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15/11/10

Vascongadas noble y montaraz


En el hondón del Golfo de Vizcaya, de esa bolsa que hace el Océano entre España y Francia y entre los pliegues de los montes Pirineos, hay un retraído rincón de esta casa que llamamos España, rincón que contempló añorante e inspirado el bardo Iparraguirre desde Hendaya: "Ara nun diran, menda maiteak/Ara nun diran zolaiak/ Baserri eder, zuri zuriak / Iturre eta ibaiak / Endayan nago zoraturikan / Zabal zabalik begiak : Ara España. . . lur oberikan /ez da Europa guzian". ("He aquí los campos y montes queridos, los hermosos caseríos, las fuentes y los ríos. Estoy loco de contento en Hendaya, con los ojos muy abiertos: Ahí está España, mejor tierra no la hay en Europa entera"). Es el archivo de nuestra raza, donde se guardan los documentos de nuestro solar y linaje, las memorias que hablan de nuestros abuelos, de los comienzos y entronques de nuestra casa solariega. No son viejos cartapacios, hojas mugrientas, amarillos pergaminos. El archivo éste es cosa viva. El alma de la raza vive aquí vida tan verde, fresca y jugosa, como sentiréis de húmedo el aire en cuanto lleguéis de la seca y polvorienta Castilla, como veréis de verdor y lozanía vestidas las montañas y valles, de castaños y manzanales arriba, abajo de maizales, remolacha y praderías.

Lo que aquí se oye es un hablar suave y canturreado, pero cerrado y oscuro, que llaman vascuence. Y lo que aquí se ve nada tiene al parecer de viejo, antes diríase muy moderno: gran ajetreo, mucho trabajar y trajinar, cuidadoso esmero y limpieza en personas, casas, calles, carreteras y campos. Aquí no hay mas que lo castizo. Entre el verde de los sembrados, junto a las arboledas del río, por entre los castañares de las cuestas que suben, brillan por su blancura los caseríos, consu abierto zaguán de ancha arcada, su corredor encima voladizo. Entrad y conoceréis a la andrea o ama de la casa y veréis con qué cariño os acoge chapurreando el castellano y os ofrece borona y talo, que está sacando del horno, amarillo y bienoliente, amasado de harina de maiz.

¿No oís ese chirrido agudo y largo que viene de aquella ladera? Es una carreta de macizas ruedas, que arrea el robusto y colorado guizón o el viejo o el niño por los caminos que suben y bajan. Chirria adrede para no encontrarse con otra, oyéndose desde lejos los que las llevan. Son estrechos los caminos y se entrecruzan por todas esas montañas. En la costa notaréis al amanecer el tejemaneje de los pescadores, sus barcas y sus redes, y al caer la tarde os regocijará divisar a lo lejos docenas de velas, como blancas palomillas que quieren arribar. Y ¿qué es ver las quillas repletas de peces que relumbran al sol poniente, cuando descargan, como montonera de cosas de plata, y a las mujeres descalzas y haldas en cinta que lo llevan canturreando en anchas banastas sobre la cabeza?.

El continuo trajinar al aire ¿no creéis que criará cuerpos robustos y almas honradas, tranquilas, hacendosas?. La tierra puede que no sea pródiga como la de otras vegas españolas, pero con el trabajo y las aguas del cielo, que la riegan sin necesidad de acequias, da de sí para vivir honradamente. Las entrañas de esos montes regalan sus ricos mineros del hierro mejor y mas abundante del mundo. El pescado de la costa, batido por el bravo oleaje del Cantábrico, es el mas fino que comemos en España. Sus pescadores, que se lanzaban a la pesca de altura, dieron a la patria los mas diestros y arriesgados marinos, y en el siglo XIV descubrieron las Canarias y Terranova.

Su manera tradicional de gobernarse fue modelo para el resto de España, que mas tarde abandonó ese modelo vascongado (que es el tradicional español), para tomar el camino de la centralización francesa. Y estamos en el archivo de la raza. No fue la picardía y ociosidad, española de casta, pues no son íberos y vascongados amigos de la picardía ni de la ociosidad. Ésas son lacras que los malos tiempos y gobiernos, contrarios a la tradición española, trajeron de fuera.

Hay otro documento en este archivo de la raza. Es el vascuence o euskara, la peregrina lengua que oís hablar sin poderla entender. La mas antigua de la vieja Cristiandad, la hermana de las lenguas iberas y aquitanas. En toda ella se conservan nombres de regiones y pueblos que son ibéricos y vascongados. Ese venerado idioma es hermosísimo y de él y del latín nació nuestra lengua castellana y española.

Nuestra historia no solo consistió en la reconquista de la tierra española durante ocho siglos, sacándola de las garras mahometanas, ni en el derramarse después vascos y resto de españoles por Europa y América imponiendo en todas partes su espíritu. No, no es solo eso. Hay algo mas íntimo, que es la historia del alma misma española: ES LA LUCHA EN TODOS LOS ÓRDENES CON LO EXTRANJERO, QUE VIENE DE FUERA Y PRETENDE DESPOJARLA DE LO SUYO PROPIO Y TRADICIONAL. Somos los españoles tenaces y tozudos, sonlo mas los aragoneses; pero ninguno como el vascongado, que hasta pasa de la raya a veces, cerrando los ojos a cuantas razones en contrario se le traigan.

La nefasta Constitución que tanto se celebra, la de 1812, quiso hacer tabla rasa para igualar toda la nación, al estilo francés, pero los vascongados no lo permitieron y tristemente esa actitud no fue imitada por el resto. Defendieron su estilo de vida tradicional y cristiano en las guerras civiles que asolaron España en el S. XIX, y dieron su vida por Carlos VII, lo cual, fue menester someterlos hasta acabar la última guerra civil, quedando abolidos los fueros en las Cortes de 1876.

Admirable ejemplo de tesón haber tenido que guerrear durante todo un siglo con ejércitos de todo el resto de España y extranjeros, quedando solamente sometidos a viva fuerza. Fue la lucha del alma española, idependiente y libre. Es el alma de la raza que, enriscada en estas asperezas, lucha contra lo extraño y defiende sus instituciones políticas tradicionales.

Habrá quien suponga que los vascongados han sido poco o nada artistas. Errado suponer, porque siempre fue un pueblo poeta. Tiene sus cantares hermosísimos y tal facilidad para poetizar, que en todo festejo público y aun privado, se presentan varios versolaris que se desafían a improvisar poesías en vascuence, con regocijo de sus oyentes. Su música y baile ¿qué cosa mas original que el zorcico? No hay región donde tanto se cultive la música y donde se tenga mejor oído. Los mejores organistas, cantores y compositores españoles son vascongados. Danzas guerreras, costumbre que dura en los bailes y cantares de rueda de toda España, fueron en su origen las danzas de espadas y palotaedos españoles, que en este rincón son ejecutados por los espatadanzaris. En pintura, no cultivada aquí hasta poco ha, sobresalen los modernos, recios y robustos Zuloaga, Zubiaurre o Zamacois. Aun en siglos anteriores, los calígrafos famosos de España, vascongados fueron, como Iturzaeta, y por buena letra y honradez nuestros reyes tuvieron siempre secretarios vascongados.

"Erregutu diogun Jaungoiko jaunari/ pakea emateko orain eta beti,/ bai eta indarra ere zerorren lurrari,/ eta bendizioa Euskalerriari." (Pidamos a Dios nuestro Señor que nos conceda paz ahora y siempre, y que dé también fuerza a tu tierra y su bendición al pueblo vasco.")

31/3/10

El espíritu vascongado





"¿Queréis saber por qué en aquellas tierras del norte, no hubo nunca pícaros ni mendigos? No llegó allí la centralización administrativa, ni con ella, el avispero de gorrones, empleados, caciques y vividores que le acompañan, nada de esto llegó a las provincias vascas. Ellas se administran de por sí, contribuyendo con un tanto las diputaciones provinciales a las cargas del Estado. No hay caciques ni mendigos, pero hay prosperidad y honradez.


Modelo de administración, son estos municipios y diputaciones que apenas tienen empleados, que premian el mérito y ayudan con pensiones a los que pueden sobresalir. No hay favoritismo. La enseñanza es obligatoria, y la justicia se aplica y es ciega de veras.


Si alguien dijera por qué tienen esos privilegios, y por qué no son como las demás provincias, habría que responderle preguntándole por qué no son las demás provincias como las provincias vascongadas. Si ellas han podido conservar esta manera tradicional de gobernarse que perdieron las demás provincias con el absolutismo de muchos reyes, ¿por qué la han de dejar y por qué, mas bien, no las imitan las demás provincias, en vez de tomar de los franceses la centralización, que ha dado tan malos resultados? ¿por qué no se vuelve en toda España a la manera vascongada, que es la tradicional española?


Admirable ejemplo de tesón también, el haber tenido que guerrear durante todo un siglo con los ejércitos de casi todo el resto de España, quedando solamente sometidos a viva fuerza. No es rebeldía del pueblo vasco, ni guerra contra España, de la cual jamás pensaron separarse; es simplemente la lucha del verdadero ser y alma española, independiente y libre."


Julio Cejador y Frauca (1915)

30/3/10

Margaritas de Guernica (1933)



Eran otros tiempos, había nazionalismo pero todavía no se había propagado como la peste. Bonita foto de las margaritas tradicionalistas vascongadas.

8/6/09

Fuero de Vizcaya en el S. XVI

Vizcaya tenía su libro de fueros, franquicias, libertades, buenos usos y costumbres, confirmado por Carlos I en 1527 y por algunos de sus sucesores. Se organizaba así: el corregidor, nombrado por el rey, presidía la Diputación y votaba con ella; había de ser letrado y vizcaíno de nacimiento, y tenía a sus órdenes tres tenientes, uno de los cuales residía en Guernica con el título de teniente general; uno y otros juzgaban todas las causas civiles y criminales. La Diputación, compuesta del corregidor y de dos miembros elegidos por la Junta General, estaba encargada de la administración del señorío, repartía los tributos, dirigía la defensa pública en caso de guerra, y en circunstancias graves se constituía en alto tribunal de justicia.

El Regimiento constaba de la Diputación y de seis regidores creados por cédula del año 1500. Se reunía una vez al año o mas si la Diputación lo juzgaba necesario, y sus funciones eran puramente administrativas. La Juan General se componía de diputados de todos los pueblos de Vizcaya; cada uno elegía los suyos, que acostumbraban a ser sus fieles o sus alcaldes, en una asamblea pública a que asistían todos los habitantes con tal que fuesen vizcaínos de raza pura, mayores de edad y con casa abierta. Los diputados acudían el día señalado bajo el árbol de Guernica, y después de examinados sus poderes por la Diputación, iban a una ermita inmediata al árbol para prestar juramento y quedaba constituida la Junta. Sus atribuciones eran fijar los gastos públicos, votar los tributos y proveer los empleos vacantes. Dábase cuenta de los asuntos en idioma castellano y se discutían en vascuence.

Los privilegios mas importantes del señorío eran los siguientes: todo Vizcaíno era noble y gozaba de los derechos anexos a este título, aun cuando dejase su tierra para establecerse en otra de España. Los vizcaínos no podían ser juzgados fuera de su provincia, ni pagaban mas tributos que los consentidos por la junta a título de donativo gratuito. Gozaban de absoluta libertad de comercio y el rey no podía establecer estancos en el señorío. Cada pueblo tenía sus propios y arbitrios particulares de los cuales disponía con independencia del cuerpo principal, rindiendo sus cuentas al corregidor o a su teniente. No podían darse empleos públicos sino a vizcaínos de nacimiento; el rey no podía enviar tropas a Vizcaya, y los naturales, que no habían de servir fuera de su territorio a no ser que se prestasen a ello voluntariamente (lo cual hacían los muchos de ellos), estaban obligados a defender su señorío en caso de guerra con Francia. No podía el rey, construir plazas fuertes sin el consentimiento de los habitantes; éstos tenían el privilegio de acatar sin cumplir las órdenes del soberano contrarias a sus fueros, y los reales decretos no eran admitidos, hasta que se presentaban por el corregidor al pase de la Diputación.

Fuero de Guipúzcoa en el S. XVI

Guipúzcoa se regía por la recopilación formada en Tolosa en 1583, la cual fue aumentada y corregida en 1692 por encargo de la provincia, imprimiéndose en 1696 con el título de Nueva recopilación de los fueros, privilegios, buenos usos y costumbres, leyes y ordenanzas de la muy noble y muy leal provincia de Guipúzcoa. La Junta General, compuesta de 57 miembros elegidos por las 57 alcaldías, se reunía todos los años en julio para redactar las nuevas leyes que reclamase el interés público. Antes de disolverse delegaba sus poderes en cuatro diputados generales, que debían tomarse de las ciudades de San Sebastián, Tolosa, Azpeitia y Azcoitia. El diputado general de la población en que residía aquel año el corregidor, en unión con su adjunto y los dos primeros capitulares de la misma, formaban la Diputación ordinaria que entendía en todos los negocios de la provincia que no fuesen de gran entidad; para éstos había de convocarse la Diputación extraordinaria, compuesta de los cuatro diputados generales, la cual había de reunirse además, dos veces cada año.

El corregidor o juez supremo, presidente de la Diputación y de la Junta, aunque sin voto, era elegido por los mismos naturales, y había de residir tres años en cada uno de los pueblos antes mencionados.

Los Guipuzcoanos eran nobles y como tales, no prestaban servicios sino a título voluntario; comerciaban libremente con Francia, Inglaterra y los demás reinos de España, y este tráfico, junto con la industria, era su único recurso por lo reducido y estéril del territorio; tenían el privilegio de no servir fuera de su tierra, a la que defendían por si mismos en caso de guerra con Francia o la Gran Bretaña; solo Irún y San Sebastián podían recibir guarniciones reales, y finalmente estaban autorizados los guipuzcoanos para no cumplir las órdenes del rey, contrarias a sus leyes particulares.

7/6/09

Fuero de Álava en el S. XVI

Álava, regíase por el cuaderno de las Ordenanzas de Rivabellosa, que modificaba y ordenaba las antiguas leyes, y fue confirmado por Carlos I en 1537 en las cortes de Valladolid. La provincia se dividía en 53 hermandades, las que en 1º de enero de cada año nombraban los alcaldes, cuya jurisdicción se extendía a los delitos de incendio, asesinato o atentado, contra la propiedad.

La Junta General, que se reunía dos veces al año, era frmada por los alcaldes y procuradores de las hermandades, por el tesorero de la provincia y por dos escribanos; en ella se nombraba el diputado general o maestre de campo, y este jefe superior de la provincia, reunía el poder civil y militar y fallaba en última instancia. Dos secretarios y un suplente nombrados por la Junta, le ayudaban en sus funciones y seis miembros de aquella asamblea, le servían de Consejo. El diputado general, era reelegido cada tres años y no daba cuenta de su conducta sino a la asamblea de que era mandatario.

Los alaveses, como los vizcaínos, comerciaban libremente con las provincias limítrofes de Francia y de España. Tenían el privilegio de no servir fuera de su país, y en caso de guerra con Francia, ellos mismos defendían a Fuenterrabía, llave de las provincias, y la frontera de los Pirineos. Lo mismo que los vizcaínos, acataban pero no cumplían las órdenes del rey contrarias a sus fueros. En la provincia no había agente alguno de la autoridad real, puesto que la Junta proveía todos los empleos públicos, y por medio de una compañía de treinta caballos o celadores, ayudados del buen espíritu de los naturales, conservaba en todas partes el orden y la tranquilidad.