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3/1/11

No remorse


"In the hand of God is the destiny of princes. He alone giveth empire"

The Moors finally lost their last battle to the Catholic Kings, and after eight centuries of rule the last stronghold of Granada fell. Throughout the old nazarí kingdom was repeated the same crying: Ay de mi, Alhama!, the key which gave Granada on January 2 of the year of Our Lord 1492.

...and always we'll remind when Islam was defeated.

4/11/09

El arzobispo humilde y edificante


Decíase entre los palaciegos de Fernando el Católico, que el Cardenal Cisneros había gastado extraordinarias sumas en la construcción de la Uiversidad de Alcalá, y haciendo un juego de palabras, añadían que nunca la iglesia de Toledo había tenido un arzobispo mas edificante.

Lo cierto es que don Fernando se llegó a impresionar por las críticas de sus palaciegos. Habiendo ido a descansar a Alcalá de Henares, le visitó Cisneros para invitarle a ver los edificios.

- Sí iré -le respondió- a visitar vuestros colegios y a censurar vuestras fábricas.

Efectivamente; fue aquel mismo día, después de comer. A la puerta de la Universidad Complutense le esperaban Cisneros, el rector y todos los doctores, con los cuales recorrió los magníficos edificios. Y al terminar la visita, le dijo al Cardenal:
- Vine con ánimo de censurar vuestras fábricas, pero ahora no puedo menos de admirarlas.

A lo que contestó Cisneros:
- Señor, mientras vos ganáis reinos y formáis capitanes, yo trabajo por formaros hombres que honren a España y sirvan a la Iglesia.

Ése era "fray", un monje humilde, modesto, que jamás se consideró merecedor de la menor merced. Fue nuestra gran Reina Isabel, la que pidió secretamente al Papa que expidiese una bula nombrándole arzobispo de Toledo.

Era Cisneros confesor de la Reina, y un día ésta lo llamó para hacerle entrega de un documento. Llegó el monje e Isabel le entregó el papel, en cuyo exterior aparecían estas palabras:
A nuestro venerable hermano Fray Francisco Jiménez de Cisneros, nombrado Arzobispo de Toledo.

Al leerlas el anciano se puso pálido, dejó el papel sobre la mesa y exclamó:
- ¡Señora, esta bula no se dirige a mi!.

E inmediatamente se dispuso a salir de la regia estancia.
- Al menos, padre mío, -repuso la Reina- me permitiréis que yo vea lo que el Papa os escribe.

Pero ya Cisneros había abandonado la habitación. La Reina ordenó que fuesen en su seguimiento y lo encontraron a 15 km. de Madrid.
- ¿Qué me queréis? -les dijo a los que le buscaban-. Yo no sirvo para ese cargo; la Religión saldrá mejor servida si recae en otra persona mas digna.

Tuvo el Papa que expedir una segunda bula invocando su autoridad pontificia y obligándole a aceptar el arzobispado. Solo entonces aceptó.

Sirvan estas líneas para honrar su memoria: España clama a gritos el resurgir del gran Cisneros.

Heroica respuesta


En la serie de conquistas que precedieron a la de Granada, los soldados de los Reyes Católicos realizaron hazañas sorprendentes, que dieron por resultado la rendición de poblaciones como Alorca, Coín y Marbella.

Luchábase en Coín. El capitán Pedro Ruiz de Alarcón abrió ancha brecha en uno de los muros de la ciudad y luego, arengando a su compañía, se precipitó por el boquete sin darse cuenta de que perdía el contacto con el resto del ejército.

Los moros, que vieron esto, le cerraron la retaguardia y se fueron contra él como lobos hambrientos. Al ver el ayudante del capitán que los enemigos les iban a cercar por todas partes, le gritó a su jefe:
- Señor don Pedro: ¡huid, que le cierran la salida!.

Le miró un instante el capitán y le contestó:
- Entré aquí para pelear; no para salir huyendo.

Y peleó, hasta que rodeado de moros y acribillado de heridas, exhaló el postrer suspiro.

13/10/09

Santa Isabel la Católica


Hallábase la reina en Tordesillas, con su fiel caballero don Andrés de Cabrera, marqués de Moya, cuando llegó a su noticia que la población de Segovia se había amotinado.

¿Qué había ocurrido? Pues que algunos nobles, envidiosos de don Andrés de Cabrera, que era alcaide del Alcázar de Segovia, aprovecharon la ausencia de éste para echar las turbas a la calle y apoderarse del alcázar.

No era doña Isabel, la reina, mujer de muchos aguantes; así que apenas tuvo conocimiento del tumulto, tomó un caballo y en compañía de dicho Cabrera y del conde de Benavente se puso en una galopada a la entrada misma de Segovia. Ya el pueblo amotinado por los nobles, había pegado fuego a las puertas del alcázar.

Cuando la Reina se disponía a entrar en la población, se le acercaron algunos emisarios para decirle que los rebeldes estaban muy excitados y que no convenía que la Reina siguiese adelante. Doña Isabel, al oir semejante observación, irguió su cabeza y con voz vibrante contestó:
- Soy la Reina de Castilla, y no estoy acostumbrada a recibir condiciones de súbditos rebeldes.

Y corrió al alcázar. Allí se impuso a las turbas, dijo que se haría justicia y ante el imperio de su mirada se apaciguaron los ánimos. Y efectivamente se hizo justicia: repuso a Cabrera en su puesto de alcaide del alcázar e hizo pagar a los nobles envidiosos los desperfectos causados por los amotinados.

Tal era su justicia, vamos, como la de nuestros politicuchos; igual igual.

Todo cuanto se diga de la agudeza, discreción y talento de la Reina Católica será poco en comparación a la realidad. Un cronista de la época dice que "era de mas viveza y penetración que su marido" y que era una mujer "caida a la tierra desde el Cielo".

Ella atendía al Gobierno del Estado, y en el dosel de su solio se leía el tanto monta, "tanto monta, monta tanto Ysabel como Fernando"; se preocupaba también de los asuntos de Indias, y al mismo tiempo atendía a los quehaceres del hogar, tejía las camisas de su marido, enseñaba a sus hijas las labores de costura, les instruía en el latín y enseñaba a orar, y no consentía que a su lado permaneciera nadie ocioso.

Pero hay mas aun: su preocupación se extendía a las mas mínimas funciones públicas. Una mañana se le cayó de la manga un papel en que había escrito:
"La pregonería de la ciudad se ha de dar a Pedro Láñez, que es el que tiene mejor voz".

Y Pedro Láñez fue el pregonero.

Famosa es su frase: "Yo tomaré esta empresa a cargo de mi Corona de Castilla, y cuando esto no alcanzare, empeñaré mis alhajas para atender los gastos"...y fue así como se aprobó el plan de Colón.

La reina cristiana e hispana.

5/10/09

El encuentro


Era soltera doña Isabel y eran muchos los príncipes que la pretendían; pero ella, preocupada de servir a Dios y a su tierra, eligió en su corazón al que mas convenía a aquellos supremos intereses: a don Fernando de Aragón, que luego recibiría el título de "el Católico".

Castilla y Aragón resumían en aquellos momentos la unidad hispana. Pero doña Isabel no conocía ni de vista a su pretendiente don Fernando, y era necesario procurar que se viesen, conociesen y tratasen. Celebrose pues una especie de fiesta a la que acudieron los futuros Reyes con otros muchos caballeros y damas.

Estaba sentada doña Isabel con varias de éstas, cuando un caballero castellano, llamado don Gutierre de Cárdenas, al ver entrar en la sala a don Fernando, le dijo a doña Isabel:
- ¡Esse es, esse es, esse!.

Y entonces se conocieron. Poco después se casaron, y recordando que se habían conocido merced a la frase de don Gutierre, esse es, esse es, esse, le concedieron a su escudo una orla formada por ocho eses.

30/9/09

Retratos de los Reyes Católicos


He aquí el retrato de don Fernando el Católico el día en que, con su esposa, fue proclamado rey de Castilla:

"Mozo de 22 años, 9 meses y 23 días; de mediana y bien compuesta estatura; rostro grave, blanco y hermoso; el cabello, castaño; la frente, ancha, con algo de calva; ojos claros; con gravedad alegre; nariz y boca pequeñas; mejillas y labios colorados; bien sacado de cuello y formado de espalda; voz clara y sosegada, y muy brioso a pie y a caballo."

He aquí el de doña Isabel la Católica:


"Tenía sus facciones bellamente proporcionadas para formar un compuesto muy amable; el rostro, hermoso; el color blanco y rubio; los ojos, entre verde y azul; el mirar, muy gracioso y honesto; la estatura, mediana; el movimiento, compuesto y majestuoso; la voz suave; la lengua, expedita; el corazón, cual ninguno, teniendo en sí un conjunto de prendas cual se requiere para formar una heroína."