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10/3/10

CVII: El principio del fin



Ningún católico tiene obligación de creer que la inspiración de Juan XXIII provino de Dios, como él mismo expresó (el cual, antes de morir, había perdido muchas de sus ilusiones con ese Concilio). El propio Juan XXIII dijo con respecto a la Iglesia preconciliar: “ha seguido paso a paso la evolución de los pueblos, el progreso científico y la evolución social. Se ha opuesto tenazmente a las ideologías materialistas que niegan la fe. Ha visto surgir y crecer las enormes energías del apostolado de la oración y de la acción en todos los campos”. El propio sínodo de Roma que prentendió de buena fe Juan XXIII, se le fue de las manos gracias a la mala influencia de ciertos sectores infiltrados: modernistas, protestantes y masones. Así pues, una Iglesia vibrante de vitalidad en 1961, de acuerdo con Juan XXIII, pero en 1968, según Pablo VI, una Iglesia en proceso de autodestrucción.

El cardenal Pallavicini dijo (siglo XVI):
“…convocar un concilio general, a menos que la necesidad lo exija perentoriamente, es tentar a Dios.”


El Cardenal Manning: ”Cada uno de los Concilios fue convocado para abatir la herejía principal o corregir el mal principal de la época, sin embargo aunque el comunismo ateo era el mayor mal del siglo XX, fue un mal que el Vaticano II expresamente hizo hincapié en no condenar.”

El Vaticano II se diferenció de los otros Concilios precedentes, por ser de naturaleza “pastoral” y no promulgar, por tanto, enseñanzas doctrinales o morales infalibles que habrían de ser mantenidas obligatoriamente por la Iglesia (ahí es dónde actuó el Espíritu Santo y no en su inspiración). Pablo VI dijo en su Audiencia General de 6 de agosto de 1975: “este Concilio no fue directamente dogmático, sino doctrinal y pastoral”. Cuando dirigió su discurso anual a los predicadores cuaresmales de Roma, en marzo de 1976, se acercó más que nunca a admitir que era en realidad el Concilio el que había iniciado el proceso de devastación de la viña del Señor. Pablo VI aludió dos tentaciones: marxismo y protestantismo, junto también con la del modernismo, que yacían en el subconsciente de muchos católicos, especialmente en los países que bordean el Rin, que en otros casos ya habían salido del subconsciente y sólo esperaban una oportunidad: y el Concilio creó las condiciones que permitieron que esas tendencias surgieran a la superficie; que fueran proclamadas con arrogancia; y codificadas como una nueva ortodoxia. La quintacolumna modernista, los “perniciosos adversarios” condenados por San Pío X en la encíclica Pascendi, los hombres infiltrados “en el seno mismo de la Iglesia, determinados a destruir su energía vital y a subvertir totalmente el mismo Reino de Cristo”.

El grupo de obispos de mentalidad liberal de los países del Rin fueron al Concilio con un plan definido para reformar la Iglesia de acuerdo con sus propias ideas... Uno de los objetivos clave de esa “vanguardia” era el de reemplazar el verdadero concepto de ecumenismo católico, expresado por Pío XI en Mortalium Animos por una política de unidad a cualquier precio. El cardenal Heenan explicaba lo desprevenidos que estaban los obispos británicos y norteamericanos sobre el grado de infección de muchos de sus colegas europeos:
“No estábamos preparados para el descubrimiento de que muchos clérigos holandeses habían convertido el ecumenismo casi en una religión.”

Por otra parte, los propulsores del neomodernismo (al que vimos criticar a Pablo VI) se hallaban mayoritariamente entre los periti (“los expertos”) del Concilio, y no entre los propios obispos. Los documentos conciliares no fueron tanto obra de los obispos que los votaron, como de los “expertos” que los redactaron.Lo escandaloso es que algunos de esos “expertos” habían sido sospechosos de heterodoxia bajo el reinado de Pío XII, habiendo denunciado éste en su encíclica Humani Generis la creciente amenaza y fuerza de la quintacolumna neomodernista dentro de la Iglesia de entonces.

El grupo del Rin desbarata el procedimiento de elección establecido e inicia una campaña para asegurar la elección de sus propios candidatos para las influyentes comisiones conciliares. El cardenal Lienart (francmasón de alto grado) propuso que las distintas jerarquías nacionales consideraran qué candidatos valiosos podían ofrecer y luego pasaran a las otras jerarquías los nombres de los candidatos preferidos.

Comenzó así un periodo de intrigas, reuniones secretas, listas nuevas, etc…En palabras de Mons. Lefebvre:
“Los que prepararon aquellas nuevas listas conocían muy bien a los candidatos que proponían; resulta obvio decir que todos ellos tenían la misma tendencia.” Dijo el cardenal Henaan: “Resultaba imposible conocer algo sobre los 16 (nuevos) obispos propuestos para cada una de las 10 comisiones. Por ello, no pudo evitarse que se acabara votando a candidatos casi desconocidos.”

El Rin había comenzado a desembocar en el Tiber. Este éxito se había obtenido gracias a que, a diferencia de otras jerarquías episcopales, “la alianza del Rin pudo operar eficazmente porque sabía de antemano lo que quería y lo que no quería.”

El cardenal Heenan atestigua que los “expertos” o “teólogos” (fuerzas de choque liberales) podían introducir fórmulas ambiguas en los documentos conciliares oficiales; temía lo que iba a suceder si obtenían el poder de interpretar el Concilio al mundo. Esos “teólogos” liberales se aferraron al Concilio como un medio para descatolizar la Iglesia católica, aparentando sólo querer “desromanizarla”. Distorsionando términos y tomando palabrería protestante crearon un embrollo con el que han confundido y alienado a todo católico de bien).


Existe, desde entonces, un “magisterio” paralelo de los expertos que impone su voluntad a la Iglesia…

Los textos conciliares suelen estar redactados de modo que no se cierra ninguna puerta; para que no constituyeran un futuro obstáculo a discusiones al diálogo entre católicos y no-católicos. Todo es ambigüedad. El cardenal Heenan señalaba:
“En el Concilio hubo un grupo de “ecumaníacos”, que veían el aspecto “ecuménico” en todo. No se presentaba ningún tema a discusión si no era examinado en su contenido ecuménico… utilizaban un contador Geiger teológico para detectar cualquier afirmación de fe católica que pudiera no ser del todo aceptable para los no-católicos.” El obispo Carli confirmaba esa opinión: “Ya no era posible hablar de la Virgen; ninguno podía ser llamado hereje; nadie podía usar la expresión “Iglesia militante”, ya no se podía hablar sobre los poderes inherentes a la Iglesia Católica.”

La vejatoria consideración dada a la figura de la Virgen durante el Concilio ilustra la magnitud de la influencia protestante. Los protestantes objetaron el título de “Mediadora de todas las Gracias”. Se llegó a un compromiso: se conservó “Mediadora” pero se suprimieron las palabras “de todas las gracias”. Los protestantes objetaron también el título de “Madre de la Iglesia”; y fue suprimido. Pablo VI declaró a Nuestra Señora como Madre de la Iglesia por su propia autoridad. Los protestantes y los padres liberales se enfurecieron.

La política del papa Pío XII de enfrentamiento con el comunismo fue reemplazada por una de “diálogo”.

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso los hombres cosechan uvas de los espinos o higos de las zarzas? Así, todo árbol bueno da frutos buenos y todo árbol malo da frutos malos” (Mt. 7, 16-19). Nadie puede negar que, hasta ahora, el Vaticano II no ha producido frutos buenos. Las reformas decretadas en su nombre, de acuerdo con el arzobispo M. Lefevbre,
“han contribuido y siguen contribuyendo a la demolición de la iglesia, a la ruina del sacerdocio, a la destrucción de la Misa y de los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, así como al surgimiento de una doctrina naturalista y teilhardiana en universidades y seminarios y en la educación religiosa de los niños, una doctrina nacida del liberalismo y condenada muchas veces por el solemne magisterio de la Iglesia”.

Hasta el mismo Pablo VI habló posteriormente en términos muy diferentes a los de su discurso de apertura de la segunda sesión del Vaticano II. En 1968 ya había llegado al punto de lamentar el hecho de que la Iglesia se hallaba en un proceso de autodestrucción: En 1972 llegó a decir que, de algún modo, el propio Satanás había encontrado una abertura para entrar en la Iglesia por donde diseminaba dudas, inquietud e insatisfacción. “Creímos”, se lamentaba, “que después del Concilio llegaría un día de sol en la historia de la Iglesia; y en su lugar encontramos nuevas borrascas. Hay inseguridad; la gente busca abrir abismos en vez de puentes para cruzarlos. ¿Cómo sucedió esto? Os confiaremos una convicción: hay un poder adverso, el Demonio, al que el Evangelio llama el enemigo misterioso del hombre, …algo preternatural vino a sofocar los frutos del Vaticano II” (…) “Nos hemos destruido nosotros mismos”.

El profesor Van der Ploeg, distinguido erudito bíblico holandés declaraba: "
El ascenso del neo-modernismo se vincula históricamente con el Vaticano II."

Así pues triunfó el falso ecumenismo: cuanto más tratan las autoridades católicas de acercar a la Iglesia al protestantismo más tienden a llevarla a un cristianismo irreligioso, al racionalismo. El diálogo ecuménico con los protestantes es inútil porque la lógica de su sistema implica que, en última instancia, un jefe protestante sólo puede hablar por sí mismo

La única verdadera base para el ecumenismo católico es invitar a los protestantes a volver a la única verdadera Iglesia fundada por Jesucristo.


Fuente: del libro "El Concilio del papa Juan".

Los Francmasones en el CVII (2ª parte)




Los masones ya lo habían proclamado abiertamente:”El objetivo ya no es destruir a la Iglesia sino más bien utilizarla por medio de la infiltración (y destruirla desde dentro).”

De hecho uno de sus portavoces, el ex canónigo francés Roca, apóstata satánico de la peor especie, había profetizado ya a finales del siglo XIX:El culto sagrado en la forma ordenada por la Liturgia, el ceremonial, el Ritual (se refiere a la Misa Tridentina en latín) y las disposiciones de la Iglesia Romana pronto sufrirán una transformación en un Concilio ecuménico que le restaurará la venerable sencillez de la edad de oro de los Apóstoles, acorde con los dictados de la conciencia y de la civilización moderna.”
(Y pensar que la primera de las normas generales propuestas para la reforma litúrgica del Vaticano II era que: “los ritos deberán caracterizarse por una noble sencillez”) dicha reforma litúrgica fue obra del arzobispo Bugnini, a quien por fin se había desenmascarado; “es verdaderamente lo que hace tiempo sospechábamos: un francmasón”.

Monseñor Lefevbre comentaba, en marzo de 1976
:”Ahora, cuando oímos en Roma que el que fue alma y corazón de la reforma litúrgica pertenece a la francmasonería, podemos pensar que no es el único. El velo que cubrió el mayor engaño que jamás haya mistificado al clero y cofundido a los fieles, está comenzando a rasgarse.”

(Documentos de la Alta Vendita de los Carbonarios; publicados por el irlandés Mons. Dillon en 1885) Chapter: Permanent Instruction of the Alta vendita: “Nuestro objetivo final es el de Voltaire y el de la Revolución Francesa: la destrucción, para siempre, del Catolicismo e incluso de la noción de lo cristiano…”

Buscaban, para ello, “un papa acorde con nuestros deseos”, no forzosamente uno malo (de hecho, “uno bueno” les convendría más); más bien uno a quien pudieran instrumentar. La tarea que emprendemos no es obra de un día, ni de un mes ni de un año. Puede durar muchos años, un siglo tal vez, pero en nuestras filas el soldado (masón) muere y la lucha continúa”.

La hora de la Alta Vendita habrá llegado cuando sus agentes “hayan invadido todas las funciones. Gobernarán, administrarán y juzgarán. Elegirán el pontífice que debe reinar; y ese pontífice, como la mayoría de sus contemporáneos, estará necesariamente imbuido de los principios humanitarios que pondremos en circulación.
Dejad que el clero marche tras nuestra bandera creyendo siempre que marcha tras la bandera de las Llaves Apostólicas.Echad vuestras redes como Simón Pedro; tendedlas en el fondo de las sacristías, de los seminarios y de los conventos y obtendréis una redada de “peces” aun más milagrosa que la suya. Habréis pescado una revolución con tiara y capa pluvial, que marchará con la cruz y nuestra bandera, una revolución que sólo necesita un pequeño estímulo para incendiar el mundo”.




Documento que se publicó por orden de SS León XIII, precisamente con la esperanza de impedir la concreción de tales siniestros planes.

Nótese igualmente que no se trataba de colocar a uno de los suyos en el trono papal,
sino asegurarse la elección de un papa idealista, inspirado por ideales humanitarios, al cual pudieran manipular. El clero no resistiría las órdenes que le llegaran desde el Vaticano, por más penosas que parecieren, precisamente porque consideraría que obedeciéndolas marchaba “tras la bandera de las Llaves Apostólicas”.

Así pues, las sociedades secretas que planeaban destruir a la Iglesia “reformándola desde dentro” no buscaban sólo una nueva misa, como explicaba monseñor Graber. Todo debía ser “nuevo”: “nueva” religión, “nuevo” dogma, “nuevo” sacerdocio, aboliéndose toda sotana y hasta llegando a admitir el matrimonio.

¿Qué alcance tuvo la influencia de las sociedades secretas en el Vaticano II? El obispo Graber cree que fue apreciable, aunque no pueda, por supuesto, aportar pruebas explícitas; él demuestra que las orientaciones actuales de la Iglesia concuerdan muy estrechamente con las que pretendía la estrategia de las sociedades secretas. En cualquier caso, cierto o no, el resultado práctico final de las orientaciones posconciliares viene a coincidir con el mismo objetivo de las sociedades secretas.


Pablo VI nos aseguraba que la presente destrucción de la Iglesia es una autodestrucción; San Pío X advirtió que ésa era la intención de los modernistas (estrategia de las sociedades secretas). De hecho, el patético estado al que han reducido la Liturgia romana, brinda un testimonio desgarrador de la eficacia con que estos enemigos perniciosos realizan su tarea. Von Hildebrand en su libro The Devastated Vineyard, afirmó que si a un diablo “se le hubiere encomendado la ruina de la Liturgia no hubiera podido hacerlo mejor."




Fuente: del libro "El Concilio del papa Juan".

26/2/10

Los Francmasones en el CVII


No soy sedevacantista y siempre guardaré fidelidad al Santo Padre, ni acuso ni acusaré jamás a SS Juan XXIII y SS Pablo VI de masones, pero si, de permitir como dijo Pablo VI, que el humo de Satanás penetrase en la Iglesia...las consecuencias las estamos pagando ahora: Ecumenismo, "libertad religiosa", iglesias vacías de jóvenes, ambigüedad a la hora de condenar a los políticos abortistas, hipocresía, etc.... Permitieron que el veneno modernista penetrase y Roma fue infiltrada de masones.

Algunos de los miembros de la lista del periodista Pecorelli (asesinado en 1979). Segun el autor eran masones y participaron en el Concilio Vaticano II:

MONS. LUIGI DADAGLIO (Nuncio de Papa en España. Arzobispo de Lero. Un buen elemento. Artífice de la "revolución" en la Iglesia española. Se mostró especialmente sádico y rastrero con el General Franco en sus últimos años de enfermedad y vejez.).

CARD. AGUSTÍN BEA (Secretario de Estado -próximo al Papa- bajo los Papas Juan XXIII y Pablo VI. Nota: en realidad, alias de Behayim). Era Judío.

CARD. SEBASTIANO BAGGIO (Prefecto de la Sagrada Congregación de los Obispos -es una Congregación crucial para el nombramiento de nuevos obispos-. Secretario de Estado bajo el Papa Juan Pablo II desde 1989 a 1992. Nombre en clave masónica "SEBA". El controla la consagración de obispos).

ARZ. ANNIBALE BUGNINI (Autor del Novus Ordo Missae -Reforma litúrgica-. Desterrado a la nunciatura en Irán por Pablo VI. Alias BUAN.).

CARD. AGOSTINO CASAROLI(Secretario de Estado -muy cercano al Papa- con el Papa Juan Pablo II desde el 1 de julio de 1979 hasta su retiro en 1989. Alias CASA.).

MONS. LUIGI BETAZZI (Obispo de Ivera, Italia. Alias LUBE.).

Card. Anchille Lienart (Gran Maestro masón de alto grado. Obispo de Lille, Francia. Encargado de reclutar nuevos masones. Fue el jefe de las fuerzas "progresistas" en el Concilio Vaticano II).

Mons. Paul Marcinkus (Natural de Cicero, Illinois. 1, 90 metros de altura. Presidente del Instituto de enseñanza Religiosa. Llamado con el espiritual apodo de "GORILA". Culpable de los delitos y escándalos financieros de finales de los 70. Inmortalizado en la tercera parte de "El Padrino". Nombre en clave MARPA.).

Card. Ugo Poletti (Vicario de S.S. Diocesis de Roma. Controla el clero de Roma desde 3-6-73. Miembro de la Sagrada Congregación de los sacramentos y del Culto Divino. Él es Presidente de los Trabajos Pontificios y de la preservación de la Fe. También Presidente de la Academia de Liturgia. Nombre UPO).

Card. Leo Suenens (Título: Protector de la Iglesia de San Pedro Encadenado, en el exterior de Roma. Promueve el Pentecostalismo Protestante (carismáticos). Destructor de muchos dogmas de la Iglesia cuando trabajaba en las tres Sagradas Congregaciones: 1) Propagación de la Fe; 2) Ritos y ceremonias litúrgicos; 3) Seminarios. 6-15-67. Alias LESU.).

Card. Jean Villot (Secretario de Estado con el papa Pablo VI. Fue Camerlengo (Tesorero). Nombres clave JEANNI y ZURIGO.)

Agostino Cacciavillan (Secretario de Estado).

Arz. Enzio D'Antonio (Arzobispo de Trivento).

Card. Alberto Bovone (Secretario sustituto de la Oficina sagrada. Nombre ALBO.).

Card. Pio Laghi (Nuncio, Delegado Apostólico en Argentina,y después en EE.UU. hasta 1995. Nombre LAPI.).

Luigi Belloli (Rector del Seminario de Lombardia. Nombre clave BELLU.).

Mons. Cleto Bellucci (Obispo Coadjutor de Fermo.).

Mons. Fiorenzo Angelini (Obispo de Messenel, Grecia.).

Mons. Gaetano Bonicelli (Obispo de Albano, Italia. Nombre BOGA.).

Card. Bernard Law.

(FUENTE: Por la Unidad Tradicionalista)