16/11/09

Servidumbre de la realeza al arte


Estando el emperador Carlos en Bolonia, llamó a Tiziano para que le hiciese un retrato. Tiziano, que vivía en Venecia se apresuró a obedecer al rey español y emprendió su viaje. Llegado a Bolonia, le dijo Carlos que quería ser retratado con el traje con que acababa de coronarse por rey de la Lombardía. Y además, acariciando a su perro favorito.

Todo le pareció perfecto al pintor. Preparó el caballete, el lienzo, la paleta, los pinceles y los colores, y le dijo a Su Majestad:
- Señor, adoptad la posición que mas os agrade.

Carlos I de España adoptó la que le pareció mas natural, o sea de pie, vuelto a un lado el rostro, con la diestra en la daga y la izquierda sujetando el collar del perro. Al glorioso pintor le pareció muy bien aquella actitud, y comenzó a pintar.

En esto, uno de los pinceles que manejaba le cayó al suelo. Carlos deshizo la actitud en que estaba colocado, se inclinó al suelo para recoger el pincel y se lo devolvió al maestro. Éste, completamente asustado por aquel gesto de servidumbre, le dijo:
- ¡Señor, qué hacéis!.

A lo que Carlos contestó:
- No me deshonra recoger del suelo vuestro pincel, porque reyes hay muchos; en cambio Tizianos...no hay mas que uno.

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