12/11/09

Deus lo vult!


La gran empresa de la Edad Espléndida, y así lo demuestra la filosofía de la historia amaestrada con las lecciones de la experiencia, que ha producido a la Cristiandad (a partir de ahora intentaremos omitir el nombre pagano de Europa, nombre que nunca ha significado gran cosa: aunque podemos compararlo con la gran ramera de Asia, Babilonia; ahí es nada) inmensos bienes, dando a sus pueblos decidida preponderancia sobre los musulmanes, fortificando y agrandando su espíritu militar, comunicándoles un sentimiento de fraternidad que hizo de ellos un solo pueblo, desenvolviendo en muchos sentidos el espíritu humano y contribuyendo a mejorar el estado de los vasallos.

Las Cruzadas crearon marina (que no escuela), fomentaron el comercio y la industria, y dieron de esta suerte un poderoso impulso para adelantar por diferentes senderos en la carrera de la civilización. Y no es esto decir que los hombres que concibieron las Cruzadas, y los papas que las promovieron, y los pueblos que las siguieron, y los señores y príncipes que las apoyaron, calculasen toda la extensión de su propia obra ni columbrasen siquiera sus inmensos resultados: CUANTO MENOR SEA LA PARTE QUE HAYA DE SEÑALARSE A LA PREVISIÓN DE LOS HOMBRES, MAYOR SERÁ LA QUE DEBA ATRIBUIRSE A LOS PRINCIPIOS Y SENTIMIENTOS RELIGIOSOS EN SUS RELACIONES CON LA CONSERVACIÓN Y FELICIDAD DE LAS SOCIEDADES.

Era entonces opinión en los países cristianos que transcurrido el milenario o reinado de Cristo, el fin del mundo, según las palabras atribuidas al Salvador, podía acaecer de un momento a otro. Esto, junto con los lastimosos relatos que de la suerte de sus hermanos de Palestina, hacían los peregrinos que llegaban del Oriente, fue entre el pueblo y aun entre los señores la causa inmediata del suceso que, como dijo Chateaubriand (autor espléndido y siempre recurrido), ha sido una de las tres cosas grandes que en el mundo han sucedido: LOS OTROS DOS: EL ESTABLECIMIENTO DEL CRISTIANISMO SOBRE LAS RUINAS DEL PAGANISMO Y EL DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO.

Ricos y pobres se desposeyeron de todo lo material, los primeros donándolo a la Iglesia (salvo lo necesario para armar a sus vasallos), los segundos siguiendo las banderas de sus señores, y de ahí, el prodigioso movimiento que conmovió al Occidente todo. Si exceptuamos a los catalanes, el resto de españoles tomaron escasa parte en aquella heroica empresa, que harto tenían que hacer en su propia patria, para enviar soldados a lejanas expediciones.

Además, las Cruzadas y la guerra de España son una misma cosa: la diversidad de lugares en que se verifica la lucha no puede cambiar la esencia de ésta, y en Asia y en nuestra Piel de Toro combátese por la CIVILIZACIÓN CRISTIANA CONTRA LA BARBARIE DEL ISLAM.

Hoy, el felonismo que asola la maldita Europa, nos ha dejado a merced del Islam en nuestra propia patria, y en toda la Vieja Cristiandad. Quiera Dios, que aun siendo pocos, jamás nos abandonen las fuerzas, y siempre con fe, sigamos luchando por la verdadera Luz del mundo. Hoy, el mayor enemigo es mucho mas peligroso que el Islam, habita entre los arquitectos de la podrida Europa y entre nuestros políticos memócratas.
LUCHEMOS CONTRA ELLOS CON FE Y CORAJE: DEUS LO VULT!.

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