30/6/09

El padre Mariana, príncipe de los historiadores y siempre polémico



Fue el padre Juan de Mariana, jesuita, el primero en escribir en España, una historia general completa, que a la buena coordinación de los hechos reuniese la hermosura del lenguaje y que por su mérito particular se granjease general aprecio. Antes de él, no había que pedir gran crítica ni filosofía a los historiadores de aquel tiempo, siglo XVI, harto hacían con recoger datos esparcidos en monumentos y cronicones y ordenarlos del mejor modo posible; en la forma, no se arredraban ante el inconveniente de dar a sus obras una extensión desmedida; pertencientes a una época de erudición y de estudios concienzudos, se complacían en los mismo pormenores, en la misma pesadez que ahora nos cansa y abruma, y tomando por modelo a los autores de la antigüedad, gustaban, a imitación suya, de largas descripciones de sitios y batallas, y de las pomposas arengas.

Esteban de Garibay, autor del Compendio historial de las crónicas y universal historia de todos los reinos de España, al cual añadió algunos años después las Ilustraciones genealógicas de los católicos reyes de las Españas, mereciéndose por su trabajo ser premiado por Felipe II, tiene una obra excelente para consulta, desde los tiempos remotos a la toma de Granada, pero su estilo es poco agradable, aunque sencillo y natural. Sepúlveda, Sandoval y Pedro Mejía escribieron también historia, pero meras crónicas.

Volviendo al padre Mariana, fue su Historia General de España, que escribió en latín, la que hizo célebre su nombre, impresa por vez primera en Toledo en 1592. La celebidad que su obra obtuvo, obligole a completarla y a verterla en castellano. Limitose a reducir a forma histórica los infinitos materiales que andaban dispersos en los cronistas e historiadores que le precedieran: su intento, no fue escribir historia, sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido. El deseo de imitar a Tácito, la severidad de sus costumbres y la entereza de su carácter hicieron que el jesuita, que por nada se desviaba de lo que entendía ser justo y honesto, sazonara su historia con duras reflexiones, que por algunos han sido atribuidas a deseo de lastimar el crédito de la nación y el honor de sus reyes; pero mucho mas fundado que éste, es el cargo de haber hecho traición a la verdad, por no haber sabido distinguirla entre los errores de los monumentos, y haber admitido fábulas y consejos que arrancaron a él mismo aquellas palabras: plura transcribo quam credo. Estos defectos, empero, lo mismo que los vacíos que en su obra se observan, sobretodo respecto de la dominación árabe, se comprenden en su época y pueden ser mas o menos disculpados por la falta de buenos guías, no habiendo impedido que la Historia General, escrita con estilo grave, terso y grandioso, sin los lunares de la afectación ni de los vanos adornos, mereciese la preferencia entre todas las que hasta su tiempo vieron la luz pública y que diese a su autor el título de “príncipe de los historiadores de España”, a ninguno comparable y superior a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.