3/8/09

Heroísmo de los saguntinos


Aníbal había puesto cerco a Sagunto. Los saguntinos se defendían desesperadamente contra los cartagineses, especialmente contra 500 africanos que con grandes palancas y picos, había destruido una parte de las murallas.

Un soldado de Aníbal, llamado Alorco, tuvo compasión de los saguntinos porque en otro tiempo le habían tratado con generosa hospitalidad. Por lo cual, corriendo un gran peligro penetró en la ciudad por una brecha de la muralla, avisó de su presencia a los sitiados y cuando los tuvo delante les dijo:
- ¡Oh saguntinos! Ya conocéis las condiciones que Aníbal os ha impuesto. Duras e injustas son, pero necesarias. Considerad, no lo que perdéis o lo que os quiten; antes bien, tened por ganancia lo que os dejen, ya que vuestra vida, libertad y riquezas, están en poder del vencedor.

Al oir estas palabras, los saguntinos bramaron de ira, y a tiempo en que se hundía una recia torre, que había sido su mas firme baluarte, hicieron con los despojos una gran hoguera, arrojaron en ella el oro, plata y alhajas que tenían, y luego a sus mujeres e hijos.

Los escasos moradores que quedaron con vida lucharon hasta no quedar uno en pie. Y cuando Aníbal, victorioso, penetró en Sagunto para recoger el botín de su triunfo, solo encontró unas ruinas humeantes y unos montones de cadáveres entre ellas.

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