7/1/10

La amarga contestación de Alfonso Fdez. Coronel


Se había fortificado don Alfonso Fernández Coronel en la villa de Aguilar, que tenía en el Reino cristiano de Córdoba (Aguilar de la Frontera), y cuando lo supo Padro I el Cruel, corrió con sus tropas y varios caballeros para ponerle sitio y destruir las fortificaciones.

Llegaron a los muros de la villa, trató de forzarla y viendo que era difícil, si no imposible, intimó a Fernández Coronel, para que dejase franca entrada al Rey. Contestó aquél que al Rey sí; pero no acompañado de aquellos caballeros, algunos de los cuales eran enemigos suyos.

Volvió el Cruel al asedio, y comprendiendo una vez mas que no era cosa llana penetrar en la villa, se dispuso a pasar el invierno ante sus muros. A la primavera siguiente hizo estallar todas las minas preparadas durante el invierno, volaron las fortificaciones y las tropas del Rey penetraron en la población.

Estaba Fernández Coronel oyendo misa, esperó con toda serenidad a que terminase y entonces salió al encuentro de sus enemigos; pero viendo la imposibilidad de resistir, y luego de haberse defendido bravamente, se entregó preso.

Fue a verle don Juan Alfonso de Alburquerque, caballero del rey don Pedro.
- ¿Por qué habéis porfiado tan sin esperanza -le preguntó- siendo como sois tan bien visto en este reino?

A lo que Fernández Coronel contestó:
- Don Juan Alfonso: ésta es Castilla, que hace a los hombres y los gasta.

Antaño habían sido amigos. Cuán poco debe fiarse nadie de los hombres ambiciosos y tornadizos.

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