11/5/09

Juan de la Encina y el drama pastoril




En España, lo mismo que en Italia, el drama en sus primeros ensayos tomó la forma pastoril y las muestras mas antiguas de este género que han llegado hasta nosotros son las composiciones de Juan de la Encina, contemporáneo de Rojas, director que fue de la capilla pontificia en Roma y después prior de la Iglesia de León. Las obras de Encina se publican por vez primera en la Salamanca de 1496 y comprenden, además de otras poesías, una porción de églogas dramáticas sagradas y profanas (las segundas amatorias). Estas composiciones se representaron en el palacio del Duque de Alba, protector de Encina, en presencia de la corte, y alguna vez ayudó el mismo poeta a representarlas. Poco después, juntas con otras escritas a imitación suya, pasaron al pueblo, el cual desde entonces empezó a ver cómicos de oficio, dedicados a representar pequeños dramas de 3 o 4 personajes, con algunos muchachos que hacían el papel de mujeres.




Las églogas de Encina son sencillas, con poco artificio y enredo, y sin duda que a su autor no se concedería ahora el título de poeta dramático. Los caracteres son de humilde clase y de la vida pastoril; el diálogo es fácil y en extremo adecuado, y si ningún escritor del S. XV aventaja a Encina en dulzura, él los vence a todos en naturalidad. La sencillez de estas églogas y la facilidad de representarlas por las pocas decoraciones y trajes teatrales que requerían, las recomendó a la imitación popular, que continuó por mucho tiempo después de haberse introducido en España el verdadero drama. Una muestra de Encina:




Escudero: Pastora, sálvete Dios.


Pascuala: Dios os dé, señor, buen día.


Escudero: Guarde Dios tu galanía.


Pascuala: Escudero, así haga a vos.


Escudero: Tienes mas gala que dos


de las de mayor beldad.


Pascuala: Esos que sois de cibdad


perchufais huerte de nos.


Escudero: Deso no tengas temor,


por mi vida, pastorcica,


que te hago presto rica


si quieres teber mi amor.


Pascuala: Esas trónicas, señor,


allá para las de villa.


Escudero: Vente conmigo, carilla,


deja, deja ese pastor.


Déjale que Dios le vala,


no te pene su penar,


que no te sabe tratar


según requiere tu gala.


Mingo: Estate queda, Pascuala,


no te engañe ese traidor


palaciego burlador,


que ha burlado otra zagala.




El mérito de la introducción del verdadero drama en España, lo tendrá el extremeño Bartolomé Torres Naharro, que con Fernán Pérez de Oliva, ponen fin al este periodo de nuestra historia literaria e inauguran la brillante época de Cervantes, Lope y Calderón.

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