4/11/10

Ladrillos molidos


Siena (Toscana) estaba bajo la protección del Emperador. Pero mal aconsejados los vecinos por las tropas francesas, se levantaron en armas contra los españoles. Tres de ellos tuvieron que encerrase en una pequeña torre de la puerta romana.

Fue inaudito lo que hicieron los sieneses para reducir a aquellos tres españoles, pues incluso llegaron a prender fuego a la puerta de la torre. Como pasaban los días y aquellos tres hombres no se rendían, se acercaron a la torre dos caballeros franceses y les gritaron:
- Españoles, no queremos vuestra muerte, queremos solo que os rindáis, y si deseáis servir al rey de Francia, os daremos pagas dobles.

Un español asomó la cabeza y les respondió:
- Si el rey de Francia es tan bueno, no le faltarán soldados; nosotros antes queremos perder las vidas que dejar de servir a nuestro Rey.

Viendo los franceses tal obstinación, les replicaron:
- Pero así no podéis vivir, supuesto que no tenéis qué comer.

A lo que los de dentro volvieron a contestar:
- Sabed que tenemos abundancia de ladrillos, y que los españoles, cuando nos falta pan, con éstos molidos nos mantenemos.

Al oir la contestación de aquellos tres héroes, admirados los sitiadores de tanta valentía, les abrieron las puertas y los dejaron marchar. Poco después don Juan Manrique de Lara logró apaciguar a los de Siena.

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