16/5/12

La caridad y la propiedad


Para la Iglesia, si bien la propiedad es legítima, ha de cumplir por supuesto una "función social", por lo cual tal derecho no debe solo satisfacer las necesidades del propietario sino que ha de usarse de él, en forma que resulte útil al bien común. Pero, si el propietario no usa de su propiedad para el bien común, si no cumple con su función social, ¿es lícito, según la Iglesia, privarle de su derecho, o al menos obligarle a que cumpla con tal función? LA RESPUESTA ES NEGATIVA: LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD ES UN DEBER DE CARIDAD Y NO DE JUSTICIA, Y POR TANTO NO ES COERCIBLE (Cfr. Cardenal Verdier, ob. cit., pags. 107 y ss.).

La Iglesia distingue, en efecto, entre justicia y caridad. LA JUSTICIA, según ella, es la virtud moral que hace que se le dé a cada uno lo que le es debido, e implica el respeto al derecho del otro. La violación de un deber de justicia haría posible que se exigiese coactivamente la restitución. LA CARIDAD, en cambio, es la virtud teologal que hace amar, ayudar y socorrer a los otros porque Dios lo quiere y como medio de probar así el amor hacia Dios; pero la omisión de un acto de caridad constituye una violación de la ley divina o natural, de la que el hombre no puede pedir cuentas, solo Dios. Así SS San Pío X afirmaba que "para apaciguar los conflictos entre los ricos y los proletarios es necesario distinguir la justicia de la caridad. No hay derecho a reivindicación sino cuando la justicia ha sido vulnerada".

En la práctica de tal virtud de la caridad han visto los Papas, a partir de RERUM NOVARUM, la única forma segura de solucionar la "cuestión social" y establecer unas relaciones entre los hombres fundadas en un "ordo amoris" que sustituya a la lucha de clases.

De acuerdo a la función social de la propiedad, SS León XIII nos dice que "una vez satisfechas la necesidad y la conveniencia, es un deber socorrer a los necesitados con lo superfluo". Claro está que resulta muy difícil apreciar qué es lo superfluo, pero Monseñor Guerry nos tranquiliza afirmando que "LO QUE IMPORTA ES UNA INQUIETUD DEL ALMA SOBRE ESTE PUNTO, UNA ADVERTENCIA, UNA BÚSQUEDA DE LA CONCIENCIA ALERTADA POR UNA REGLA MORAL Y QUE SE SABE INTERPELADA POR EL ESPÍRITU SANTO CUYA LEY DE AMOR MARCA EL RÉGIMEN NUEVO INSTAURADO POR CRISTO." E incluso para hacerles aun mas fácil la práctica de la caridad (a esos ricos), la mas bella de las virtudes, major autem horum caritas, se les advierte que la forma de utilizar lo superfluo no ha de ser necesariamente donaciones y limosnas, pues puede incluso revestir la forma de "inversiones para la creación y desarrollo de una empresa"; y el Padre Bayart ha llegado a demostrar que "el jefe de empresa, mediante una sabia política de inversiones, puede tener el medio de practicar esta virtud de la magnificencia de la que, después de Santo Tomás de Aquino, hablaba SS Pío XI en el pasaje de Quadragesimo Anno, sobre los ingresos disponibles". (La propriété capitaliste et la doctrine sociale de l'Eglise).

Cuando San Pablo escribía: "la caridad es paciente, es benigna; no busca su provecho; todo lo sufre; todo lo sobrelleva." (1 Cor., 13, 4-7), estaba muy lejos de sospechar que con el tiempo llegaría a convertirse en la virtud propia de los managers y empresarios.

Los explotados, en cambio, si no les es posible ejercer la virtud de la caridad, sí están en capacidad de ejercer la de la paciencia.

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