30/10/09

El Feudalismo


Época de lucha, de fe y de grandes acciones; el Feudalismo es una exageración de la libertad, y bien convenía que ésta se revistiera de todo su aparato, que comunicara al individuo toda su fuerza y actividad para hacer frente a los peligros que la amenazaban. Cuando se introdujo en España, como en toda la Cristiandad, a la monarquía visigoda sucedieron diversos estados federales que, sometidos a varios jefes supremos, le prestaban obediencia dentro de ciertos límites. Esto y no mas que esto fue el feudalismo, la federación, el poder distribuido entre muchos, que por cierto no convenía en aquellas circunstancias que estuviese en manos de uno solo.

Si se nos dice que él fue causa de la servidumbre de los pueblos, de las horribles vejaciones que sobre ellos cayeron, sin desconocer ninguno de aquellos excesos, nosotros contestaremos que no fue el feudalismo la causa primera de ello; que el mundo, después del cataclismo experimentado (la caída de Roma y el fin de la monarquía gótica e invasión sarracena en España), había de sufrir oscilaciones que solo sucesivamente podían debilitarse hasta volver a su asiento; que la masa del pueblo no podía esperar otro estado, y que el feudalismo, al dividir el poder, fue para él el camino mas corto para llegar a su emancipación definitiva y alcanzar la legítima influencia que le es debida en la suerte de las naciones.

No fue la Edad Espléndida quien cometió los abusos, sino los propios hombres; de ninguna manera se puede atribuir a la institución feudal 'per se'.

Véanse en nuestra patria los reinos en que esa institución echó mas hondas raices; en Cataluña y Aragón mas que en Castilla, el feudalismo mostró gran poder durante la Edad Espléndida, y sin embargo, Cataluña y Aragón llegaron a ser famosas la una por sus instituciones democráticas, el otro por sus grandes libertades.

Interesante es considerar la Edad Espléndia desde el S. XI al XV: en aquel tiempo el manto de tinieblas que parecía envolver Europa como para prepararla mejor a sus futuros destinos, se desgarra en mil pedazos. Hay aun la ignorancia, pero es una ignorancia que se conoce a sí misma, que se afana en pos del saber; hay falta de armonía en las relaciones e instituciones sociales, pero esa falta es sentida y conocida por doquier; las Cruzadas unen a todas las naciones con lazos que antes no conocían; una juventud sedienta de saber acude desde los países mas remotos a escuchar las lecciones de famosos maestros; el italiano, el alemán, el inglés, el español y el francés se hallan mezclados y confundidos alrededor de las cátedras de Abelardo, de Pedro Lombardo, de Alberto Magno, del gran doctor de Aquino; la industria crece, el comercio se difunde, las guerras empiezan a tener un carácter mas popular y por consiguiente mas trascendental y mas vasto; los pueblos empiezan a entrar con los reyes y los señores en la escena de la humanidad, y en todas partes se ve bien marcado el carácter general que Balmes atribuye a aquella edad, con la siguiente fórmula: "la barbarie templada por la Religión, la Religión afeada por la barbarie".

"Terrible energía de ánimo, gran fondo de actividad, simultáneo desarrollo de las pasiones mas fuertes, espíritu emprendedor, vivo anhelo de independencia, extraordinario gusto de proselitismo, la ignorancia combinada con la sed del saber y hasta con el entusiasmo y el fanatismo por cuanto lleva el nombre de ciencia; alto aprecio de los títulos de nobleza y de sangre, junto con el espíritu democrático y con profundo respeto al mérito donde quiera que se halle; un candor infantil; una credulidad extremada, y al propio tiempo la indocilidad mas terca, el espíritu de mas tenaz resistencia y una obstinación espantosa (...)" - Balmes.

En defensa de la Edad Espléndida


Guardián del sepulcro de nuestros antepasados y de los monumentos de nuestra gloria; cuna de nuestra vida espiritual y moral. Así es nuestra Edad Espléndida, en la que España mereció la honrosa misión de ser el adalid de la Cristiandad; en nuestros campos, con nuestra sangre se ganaban las batallas de la civilización europea contra el Islam, que aspiraba a señorear el mundo; entre nosotros principalmente tuvieron su asiento, las instituciones que hicieron de los heroicos siglos de la fe los bellos siglos de la libertad. Se trató de una época que si lo fue de ardorosas y cándidas creencias, lo fue también de lucha, de discusión, de digna altivez y mas que todo de libertad. Jamás como en ella fue la humanidad mas fecunda y mas poderosa.

Reinaba entonces la unidad de fe, pero la uniformidad de un culto universalmente popular, la sincera y amorosa sumisión de los corazones y de los entendimientos a las verdades reveladas y a las lecciones de la Iglesia, no excluían idea, discusión ninguna sobre las mas altas cuestiones de filosofía y de moral.

El principio de autoridad no imponía el divorcio de los hombres, ni con el genio de los tiempos antiguos, con tanto ardor cultivado en los claustros benedictinos, ni con el desenvolvimiento natural y progresivo del espíritu humano; y para conocerlo así basta recordar el inmeso progreso de la ciencia escolástica, ruda y a la vez sutil gimnástica del entendimiento, tan favorable a pesar de sus incontestables vacíos para la fuerza y actividad del raciocinio; basta evocar a aquellas poderosas universidades, tan libres y a veces tan rebeldes, en cuyas clases maestros a cuya independencia solo podía compararse la de la turbulenta juventud que los oía, trataban cada día de mil cuestiones que habrían asustado la meticulosidad de la época presente, y basta, en fin, traer a la memoria la misma licencia de aquellos autores satíricos que en la poesía popular y caballeresca, y hasta en las obras artísticas consagradas al culto, llevaban hasta el exceso el derecho de la crítica y de la discusión pública.

En aquella época tan ridiculamente calumniada, una sed devoradora de obrar y de saber, inflamaba a los espíritus. El heroico y perseverante ardor que lanzaba a Marco Polo y a Plancarpino hasta los confines del mundo conocido, a traves de distancias y peligros de que noción siquiera pueden tener nuestros contemporáneos, animaba a no menos intrépidos viajeros por las regiones de la inteligencia. Con San Anselmo y Santo Tomás de Aquino, el espíritu no retrocedía ante ninguna dificultad de la psicología o de la metafísica, e incluso con el herético Juan Scot Erígena (el irlandés), el espíritu humano se ejercitaba en los problemas mas arduos y delicados (mas le valía para comprender si quiera el "racionalismo" neoplatónico del filósofo escoto y no volverse loco en el intento). Y en algunos extraviábase, hasta llegar a las proposiciones mas atrevidas y hostiles al espíritu del Evangelio y de la Iglesia.

PD: Para los que sepan francés (yo no tengo ni idea), es muy recomendable el libro "Les Moines d'Occident depuis Saint Benoit jusqu'a Saint Bernard" de M. de Montalembert (S. XIX): ignoro si hay ejemplares en castellano actualmente, pero es un libro muy citado y recurrido, en cuanto a defensa de la Edad Espléndida se refiere.

PD2: He intentado que éste fuera continuación del post que metí ayer "LA RELIGIÓN EN LA EDAD ESPLÉNDIDA", porque sentía que estaba inacabado.

PD3: Asimismo secundo la excelente idea del Maestro Gelimer, en la gran bitácora LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS, de no utilizar mas el término revolucionario "Edad Media".

29/10/09

La Religión en la Edad Espléndida






La Religión lo dominaba todo en la Edad Media (mejor llamada, Espléndida), es cierto, pero no oprimía nada. Lejos de estar relegada a un apartado rincón de la sociedad, encerrada en el recinto de sus templos o de la conciencia individual, invitabasela, por el contrario, a animarlo, a iluminarlo, a penetrarlo todo del espíritu de vida, y después de haber asentado los cimientos del edificio sobre base inquebrantable, su mano maternal coronaba el remate con su luz y su hermosura.

Nadie estaba a bastante altura para dejar de obedecerla, y nadie podía descender tanto que evitara sus consuelos y su protección: desde el Rey hasta el ermitaño, todos sufrían en ciertos momentos el imperio de sus puras y generosas inspiraciones, y el recuerdo de la Redención, de la deuda contraida para con Dios por el hombre rescatado en el Calvario, se mezclaba en todo, se encontraba en todas las instituciones, en todos los monumentos y muchas veces en todas las almas.

La victoria de la caridad sobre el egoísmo, de la humildad sobre el orgullo, del espíritu sobre la materia, de cuanto hay elevado en nuestra naturaleza sobre cuanto encierra de innoble y de impuro, era tan frecuente como lo permite la debilidad humana. Nunca esta victoria ha sido completa en la tierra, pero puede afirmarse sin temor, que nunca se ha visto de tan cerca. Desde el gran reto que el establecimiento del Cristianismo lanzó al mal triunfante en la tierra, nunca quizá el imperio del Demonio fue mas conmovido y disputado.

Y esto no obstante, nada mas falso y pueril que presentarnos la Europa de la Edad Media como una época en que la Iglesia alcanzó continuas victorias y protección incesante; como una tierra gobernada por reyes y magnates arrodillados devotamente ante los sacerdotes, y poblada de silenciosa y dócil multitud obedeciendo sin replicar a la voz de sus pastores; lejos de esto: nunca se desencadenaron tantas pasiones, tantos desórdenes, tantas guerras, tantas rebeliones, como sin duda es de ello buena muestra la historia medieval; pero nunca tampoco hubo mas virtudes, mas generosos esfuerzos en servicio del bien y de la justicia. Todo eran combates, peligros, tormentas en la Iglesia y en el Estado, pero todo era fuerte, vivo y robusto, todo llevaba el sello de la vida y de la lucha. Por una parte la fe, una fe sincera, cándida, sencilla, vigorosa, sin hipocresía y sin insolencia, sin pequeñez y sin servilismo, daba cada día el imponente espectáculo de la fuerza en la humildad; por otra, instituciones militares y viriles, en medio de numerosos y enormes defectos, creaban hombres de prodigiosa fortaleza y los condenaban a la acción, al sacrificio y a los esfuerzos continuos.

Nunca la dignidad humana, los grandes caracteres, la independencia y la fuerza del alma brillaron con tanto esplendor como en aquel tiempo tan calumniado hoy, en que no vemos en parte alguna el espectáculo de que los hombres honrados de una nación confíen a un señor absoluto el cuidado de conservarlo y defenderlo todo encadenando a sus enemigos. La libertad, es cierto, no existía entonces en estado de teoría, de principio abstracto reivindicado para la humanidad en masa, para todos los pueblos, aun para aquéllos que no sabrán ni querrán jamás usarla; pero era un hecho y un derecho para muchos hombres, para mayor número que ahora. Los individuos y las minorías, a quienes sobre todo es necesaria, hallábanla (decía Montalembert), en los límites impuestos por la fiscalización recíproca de las fuerzas naturales o tradicionales a toda autoridad, a toda soberanía, y hallábanla también mas que en eso en la multiplicidad de aquellos Estados, de aquellas soberanías independientes, de aquellas repúblicas provinciales y municipales, que han sido siempre el baluarte de la dignidad del hombre y el teatro de su mas saludable actividad; en ellas el ciudadano animoso y capaz encuentra mayor facilidad para ejercer su ambición legítima y se halla menos oprimido bajo el nivel que los grandes estados han pasado sobre todos.

Todo en la Edad Media (o Espléndida) respira franqueza, salud y vida, todo rebosa de savia, de juventud y de fuerza. El problema hasta ahora sin solución de conciliar la igualdad con la libertad no había sido planteado por aquellos hombres; nosotros, hemos optado por la igualdad; ¿por qué hemos de mirar como un delito que nuestros heroicos antepasados prefiriesen la libertad?.

La Edad Media es y será la época heroica de la sociedad cristiana, pero como el tiempo, quizá ya ha pasado para no volver; nadie recobra los hechizos y la fuerza de la juventud perdida, y el mundo está condenado y destinado a marchar siempre hacia lo desconocido. La Cruz alumbrará hasta la consumación de los siglos su camino, ¡ay de él si no la mira o si en su locura se ciega para no ver su luz!.


Hoy, la soberanía absoluta del Estado (o sus entes menores llamados autonomías o estados federales, etc... ), déspota que nunca muere, amenaza absorver la libertad y dignidad del individuo; la servil apoteosis de la ciencia y del poderío de las masas acabará por extinguir toda iniciativa personal y todas las fuerzas individuales, al propio tiempo que destruirá las altivas susceptibilidades del alma y el genio de la vida pública.
Recordemos pues esa Edad Media y Espléndida tan libre y altiva, no para que renazca otra vez, que esto no puede ser, ni tampoco para imitarla, sino para penetrarnos de su espíritu y volver, si es posible, al camino que ella había indicado a su posteridad.

28/10/09

Where Tradition lives


Without the religious character, Carlism can’t be understood. Carlism, defends Religion in the appropriate time and place that must be defended with the resources that circumstances need and against the attacks of the harmfulest enemy. Carlism, both in the political struggle and in the armed struggle, doesn’t want to be an independent guerrilla soldier neither an anarchic explorer, but a sturdy cover, an effective vanguard in the advances and an heroic rearguard in the retreats.

Since the parties were born in our country, because of the organization that was adopted in the Courts of Cadiz (1812), they was not intended to serve the truth of Spain; this truth would have given rise to an agreement, at least in the fundamental and most important things. But parties are committed to serving accidental, casual, accessories and individuals interests. However, even Carlism never sacrificed the values that were and will be permanent and eternal in Spain.

Carlism, was never absolutist, but the lie told by liberalism, went deep into the ignorant hearts. However they were absolutist: Ferdinand VII and liberal centralism; so both were and are derived from pagan forms of "Caesarism" and the French Revolution, which was repugnant to the mode of being of our people and our traditions.

Carlism is the guardian of Tradition, that doesn’t mean stagnancy, much less regression, but precisely transmission, evolution on a nerve guide, heritage that is given, a legacy that is enriched to be transmited whom come after. Only who receives and accepts the Tradition, can keep it, and only who keep it will can transmit it.

In the Tradition there are eternal values: the fear of God, the sanctification and love of family and neighbor, harmony between different social classes, the love of Fatherland, defense of religion, the respect for property, the value of authority and order, attachment to the customs and respect and solidarity between regions within the Hispanic Homeland.
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Sin el carácter religioso no podría entenderse. El Carlismo defiende la Religión en el momento y lugar oportuno en que debe defenderse, con los medios que exigen las circunstancias y contra los ataques del enemigo mas dañino. El Carlismo, lo mismo en la lucha política que en la armada, no pretende ser ni un guerrillero independiente ni un anárquico explorador, sino una cobertura recia, una vanguardia eficaz en los avances y una retaguardia heroica en las retiradas.

Desde que los partidos nacieron en nuestra patria, con motivo de la organización que se adoptó en las Cortes de Cádiz (1812), su finalidad no fue servir a la verdad de España, en lo que hubiera surgido el acuerdo, por lo menos en las cosas fundamentales y mas importantes. Pero los partidos se dedicaron a servir intereses accidentales, ocasionales, accesorios y particulares. El Carlismo sin embargo, jamás sacrificó los que eran y serán valores permanentes del ser de España.

El Carlismo, nunca fue absolutista, pero la mentira propagada por el Liberalismo, caló hondo en los corazones ignorantes. Sí que fueron absolutistas Fernando VII y el centralismo liberal: Ambos eran y son formas paganas derivadas del "cesarismo" y de la Revolución francesa, que repugnaba al modo de ser de nuestro pueblo y a nuestras tradiciones.

El Carlismo es custodio de la Tradición, que no quiere decir estancamiento ni mucho menos retroceso, sino precisamente transmisión, evolución sobre un nervio guía, herencia que se recibe, legado que se enriquece para transmitirlo a los que vienen después. Solo quien recibe y acepta la Tradición, puede conservarla, y solo quien la conserva puede transmitirla.

En la Tradición hay principios eternos: el temor de Dios, la santificación y el amor a la familia y hacia el prójimo, la armonía entre las diferentes clases sociales, el amor a la Patria, la defensa de la Religión, el respeto a la propiedad, el principio de la autoridad y orden, el apego a las costumbres, y respeto y solidaridad entre las regiones que integran la Patria Hispana.

Todos eran Reyes


En tiempos de Enrique III el Doliente, había llegado a tal pobreza la Casa Real que un día, en Burgos, al regresar de una partida de caza, se encontró el Rey con que el despensero de palacio no pudo prepararle cena por carecer de dineros.

Entre tanto, los magnates, dueños de cuantiosas rentas, celebraban un banquete opíparo. El Rey, disfrazado, tuvo ocasión de verlo por sus propios ojos.

Al día siguiente fingió hallarse enfermo. Asistieron los magnates a palacio, y cuando todos se hallaban reunidos en una habitación, entró el Rey con la espada desnuda, seguido de un pelotón de hombres de armas. Los nobles quedaron sobrecogidos.

Sentóse el Rey, y dirigiéndose al mas anciano le preguntó:
- ¿Cuántos Reyes habéis conocido en Castilla?.

El anciano meditó un momento y contestó:
- Señor, he conocido cinco.
- ¿Cómo es, -repuso el Rey- que vos, que sois un anciano solo habéis conocido cinco, y yo, que soy mas joven, he conocido a mas de veinte?.
- ¡¿Veinte, Señor?!.
- Sí; vosotros sois los verdaderos Reyes de Castilla, puesto que disfrutáis de las rentas y los derechos reales, mientras yo, despojado de mi patrimonio, carezco de lo necesario para mi sustento.

En este momento, entró el verdugo con el tajo y el hacha; los nobles se pusieron de rodillas pidiendo clemencia y el Rey los tuvo en prisión dos meses, hasta que le devolvieron todas las rentas que habían usurpado a la Corona.

Si es que, pueden pasar los siglos, pero la gente no cambia...hoy, el testigo de aquellos nobles, es recogido por nuestra clase política, que ya sea a nivel local, autonómico o estatal, piensa nada mas llegar al cargo, llenarse los bolsillos y enriquecerse a costa del pueblo...¿cómo? pues vía cohecho, tráfico de influencias, especulación...o simplemente metiendo la mano en la saca (hay algunos que ni se complican).

Justicia contra caciques


Un infanzón gallego, de nombre don García, se consideraba poco menos que rey de su comarca. No había mas justicia que su voluntad y cometía toda suerte de desafueros. En cierta ocasión le arrebató a un pobre labriego, las tierras que tenía.
- Señor, -le suplicaba el mísero labrantín- mire que no tengo otra riqueza que esas pobres tierras que trabajo con muchos sudores.

El infanzón no le hizo el menor caso, antes bien le despidió con muy ásperas palabras. Entonces el labriego emprendió el camino a pie y llegó nada menos que hasta Toledo, donde estaba Alfonso VII el Emperador. Pudo llegar hasta su persona (¿alguien se imagina a un pobre parado de hoy, siendo recibido en audiencia por "Su Magnánima y accesible Majestad" don Juan Carlos, llamado el I?...te viene la carcajada), se arrojó a los pies del trono y, derramando lágrimas muy amargas, le dió cuenta del despojo de que había sido víctima.

El Emperador le dijo:
- Vete tranquilo que se te hará justicia.

Volvióse el labrantín a su pueblo, y don Alfonso le escribió una Carta-orden al Merino de la comarca para que después de bien informado del asunto, le diera la razón al que la tuviera.

El Merino, que estaba bien enterrado de todo lo ocurrido, llamó a don García, le mostró la Carta-orden del monarca y le ordenó que inmediatamente le devolviera las tierras al labriego. Pero ¿qué hizo el infanzón? contestó que el Emperador estaba muy lejos, que él mandaba allí y que se reía y pasaba por el arco del triunfo las órdenes de Alfonso. El Merino mandó un propio a Toledo informando al Emperador de las burlas del cacique García.

Cuando el Emperador se enteró de lo sucedido, fingió quedarse enfermo en cama y una noche salió en secreto del Alcázar y en media docena de galopadas (como quien dice) se plantó en Galicia. Llegó al pueblo acompañado del Merino, mandó levantar una horca en la puerta de la casa del infanzón y seguidamente le llamó:
- ¿Quién soy yo? -le preguntó.

Inmediatamente le reconoció don García, quien pálido y tembloroso trató de besarle la mano. Alfonso VII la retiró añadiendo:
- Como véis, el Emperador no está lejos, sino a la misma puerta de vuestra casa. He ahí (señalando la horca) la justicia que vuestras burlas y desacato merecen. ¡Cúmplase!.

El infanzón fue ahorcado, recobró el labriego sus tierras y Alfonso VII regresó a Toledo.

26/10/09

Notes from Carlism


The Carlism born when the decline, decay and exhaustion of Spain arrives at the nuclear part of its political being. Where once there were crisis of the Empire, now it was in the own nation. On one side there were the risky innovators, generally bourgeois, usually handled by the international bourgeois liberal and the masonic organizations. These distractions of the bourgeoisie were fed by philosophical and political groups (using an Europeanizing Press) which raised to a dogmas the liberal values, including the indefinite and unlimited progress as an end or purpose and as a myth.

On the other side, there were the Resistance. But it wasn't a incomprehensible obtuseness to know about the progress and comfort. It was a Self-Preservation; this savior instinct was in force, in the mass (people) of the Country, who didn't have undergone in a revolutionary infection and did preserve the national essences. This mass was not common people, ignorant and mean, they were mostly Christian families in humble state as well as small gentry (hidalgos) and even "not courtesan" nobility; they was the noble and christian spanish people who fought against the french-napoleonic invasion, already raising in the Independence War the banner of God, Fatherland and King, and which was born the Counter-revolutionary army (which would fight against the liberal army in 1833-1840).

"I will not commit the crime of destroy the only force able to hold social order the day the Revolution begins. Go and say that I can't inquire for the death of a party that will be tomorrow bulwark of the Country" (Cánovas del Castillo).

"Facing the Revolution, which was the negation of the Faith and the Fatherland, the Carlism opposed its purity, stubborn intransigence and its hard combative spirit; the three characteristics of the Hispanic race through the all ages" (Casariego).

"They offer their lives because the Altar, the Fatherland and Honor never die. Is finally raised a flag in whose folds, the obedience is right and glorius" (Louis Veuillot).

Los carlistas de Nava del Rey


Cerquita de Valladolid, tiene muy buena solera carlista. De allí era el asistente de Zumalacárregui llamado "Capapé", al que el general regaló su bastón. De Nava del Rey salieron en la última guerra carlista, hasta un centenar de voluntarios y por ello mereció que el ilustre tribuno tradicionalista don Juan Vázquez de Mella la llamara "la Estella de Castilla".

En la Cruzada del 36 dió también buena aportación al Carlismo. Unos 50 de sus hijos salieron a combatir con la boina roja alistados en diferentes tercios requetés (generalmente navarros). En el Tercio de Abárzuza hubo varios en su 4ª Compañía, que mandó en algún momento un hijo de Nava del Rey, el teniente Pino, presidente que fue de la Juventud Carlista de la localidad, antes de la Guerra.

EL REQUETÉ

Al pie de la brecha


El segundo sitio de Zaragoza duró 172 días. ¡Imposible resistir!. La ciudad fue incendiada, volada la Universidad, robado y saqueado el tesoro del Pilar; no había alimentos ni medicamentos, ni armas...¡no había mas que coraje y dolor!.

Cuando se estaban fijando las condiciones de la capitulación, el francés Lannes dijo:
- Se respetarán las mujeres y los niños, con lo que el asunto queda concluído.
- ¡Cómo concluído! -contestó el bravo José María Ric- ¡Ni empezado! porque eso equivaldría a entregarnos sin condiciones, y antes de eso Zaragoza continuará defendiéndose, porque aun tiene armas, municiones y, sobre todo, ¡puños!.

El pueblo zaragozano, vencido pero no humillado, impuso sus condiciones al vencedor. Si su comportamiento fue heroico, no lo fue menos el de Gerona, gobernada por don Mariano Álvarez de Castro.

Los revolucionarios-napoleónicos se ensañaron con la ciudad. En ella no había qué comer; los sitiados se defendían como espartanos. Enviaron los sitiadores un parlamentario para intimar a Álvarez de Castro a la rendición, a lo que él contestó:
- ¡Váyase Usted! No quiero entenderme con los enemigos de mi patria mas que a cañonazos, y en lo sucesivo recibiré con la metralla a todos los emisarios que vengan.

Los franceses arreciaron.

Álvarez de Castro llamó a un oficial y le mandó hacer una salida por el oeste para tantear la situación:
- Y si soy rechazado, ¿a dónde me retiraré, mi general? -le preguntó.
- ¡Al cementerio! -le respondió.

Días terribles pasaron; no había en la ciudad caballo, jumento ni perro que comer. Un derrotista le dijo al heroico defensor que la gente caía desfallecida por las calles y que no había mas remedio que capitular:
- ¡Cómo! -le increpó Álvarez de Castro- ¿Usted solo es aquí cobarde? cuando ya no haya víveres nos comeremos a Usted, y después resolveré lo que mas convenga (que crack).

Cayó enfermo Álvarez de Castro, se lo llevaron los franceses al castillo de Figueras y allí lo asesinaron.

Eran otros tiempos, la gente era de otra pasta y palabras como "honor" y "valor" tenían un alto y sacro significado. Igualito que ahora.

23/10/09

De traidores y de heróicos mozárabes de Córdoba


Breve introducción: (pero no se vayan todavía, porque es una historia digna de contar y de ser recordada, a fin de cuentas guarda exacto paralelismo con la época en que vivimos) Hete aquí: Córdoba, capital moruna, tenía sus condes cristianos, a quienes estaban sujetos todos los fieles de los dominios del miramamolín, en cumplimiento de las capitulaciones con que se le habían sujetado los hispanos desde el tiempo de las primeras conquistas de los sarracenos.

En tiempo del insigne Pablo Álvaro, que murió cerca del año de Nuestro Señor de 861, tenía los honores de conde un caballero (por nombrarlo de algún modo) llamado Servando, a cuyo tribunal fue citado por motivo de una hacienda que había vendido. Aun después de la muerte de Álvaro, tenía Servando el mismo título y empleo, como consta por el favor que dió a los herejes con grande daño del santo abad Samsón antes y después del concilio de Córdoba del año 862. El arcipreste Ciprián que sobrevivió a Pablo Álvaro, y el abad Samsón, en uno de sus epigramas, hace muchos elogios del conde Adulfo, que sería sucesor de Servando.

A lo que íbamos...ésta es una historia en la que otros muchos derramaron su sangre generosa en defensa de la fe, en época de pruebas y tribulaciones, aunque no todo, como hemos visto en el párrafo anterior, fue virtud y pureza.

Muchos cristianos apostataron de su religión, porque Judas siempre habrá, ante los rigores y suplicios, y aun hubo obispos, como los de Málaga y Elvira (Iliberris) llamados los pájaros: Hostigesio y Samuel, que, no contentos con haber convertido sus casas en lupanares inmundos y propalar herejías, excitaron a Muhammad a imponer a los cristianos nuevas y onerosas cargas. Toma ya. Hasta que apareció nuestro héroe (dícese de la persona admirada por sus hazañas y virtudes; como se suele decir, los héroes son personas normales que hacen cosas extraordinarias en épocas y tiempos extraordinarios): el abad Samsón, hombre docto y de ingenio agudo, dispuesto a defender la causa de los oprimidos cristianos.

Pero pronto Samsón iba a sufrir las primeras acometidas. La víbora y rata de cloaca, llamada Hostigesio, cizañero él, negoció con Muhammad la reunión de un concilio de obispos para que en él fuese juzgado Samsón, amén de fijar, claro está, nuevos tributos que hiciesen crecer las arcas de moros y traidores, ¡como no!.

En vano sustenta Samsón su pureza de fe: Hostigesio y su acólito, el conde Servando, gran opresor de los cristianos, logran que sea declarada perniciosa, la buena doctrina del abad. Pero Samsón demuestra la nulidad de la sentencia arrancada por la violencia y el dolo, y se retractan de ella algunos obispos, entre ellos Valencio de Córdoba, que elevan a Samsón a la dignidad abacial de la iglesia de San Zoilo para demostrar el aprecio que les merecían sus preclaras cualidades (el título de abad dado a Samsón, no lo era de dignidad monástica, sino de gobierno parroquial, y en Portugal y Galicia son llamados así todavía los curas propios de las iglesias).

Pero claro, esto no quedó así, no nos hemos olvidado de las hienas Hostigesio y Servando; irritados, acuden a la calumnia y a la intriga, y alcanzan de Muhammad que Samsón sea depuesto y desterrado a Martos, donde escribió una defensa de su doctrina con el título de Apologético.

La persecución continuó mas y mas encendida; los insultos y profanaciones contra los fieles y sus templos no cesaron del todo hasta que la tormenta fue calmándose con la acción del tiempo, y que la atención de los musulmanes se distrajo hacia los campos de batalla del norte.

Tal fue la era de los martirios en la iglesia mozárabe española, y que produjo además de una multitud de hechos heróicos mezclados con otros de lamentable recuerdo, un catálogo de santos con que se aumentó el martirologio de España, y los luminosos escritos de San Eulogio, Pablo Álvaro y del abad Samsón, que han llegado hasta nuestros días y sin los cuales nos veríamos privados de las noticias de este periodo de lucha religiosa, tanto mas gloriosa cuanto era con mas desiguales armas sostenida.

PD: ¿Qué se deduce de la historia? Que el enemigo mas peligroso y ruín siempre es compatriota y renegado. Baste hoy mirar al Gobierno de España y a su oposición, a los defensores del triculturalismo, etc...los Hostigesio y Servando de ayer, son los Zapatero y Rajoy de hoy.

Ni odio ni queja


Y dijo el Señor: "En el mundo tendréis luchas, pero tened valor: yo he vencido al mundo. No os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros."

Durante la época de Diocleciano, en el siglo III, los cristianos hispanos sufrieron horribles persecuciones, especialmente bajo el gobierno de Daciano. Una de sus numerosas víctimas fue el diácono Vicente.

Daciano lo sometió a toda suerte de interrogatorios y torturas, sin conseguir que el santo varón abjurara de su fe. Daciano llegó hasta a golpear a los verdugos, por creer que no le torturaban bastante. ¿Y por qué lo creía así? Porque cuando le desgarraban las carnes al Santo, éste no exhalaba una sola queja.

No sabiendo aquel monstruo de maldad cómo arrancar de Vicente un acto de sumisión, hizo que le colocasen sobre una hornilla de fuego y que una máquina de agudas puntas fuese pasando una y otra vez sobre el cuerpo desnudo y le arrancara lentamente pedazos de carne.

Vicente le dijo con toda suavidad:
- Daciano, antes se ha de cansar tu paciencia en hacerme sufrir, que mi constancia en no quejarme.

Fue así: poniendo el pensamiento en Dios y sin proferir un grito, San Vicente entregó su espíritu. Daciano arrojó su cuerpo al mar, las olas lo devolvieron a la playa y los valencianos lo enterraron piadosamente y en aquel mismo punto le erigieron un templo.

Dijo San Agustín: "De dos maneras ataca el mundo a los soldados de Cristo: los halaga para seducirlos, los atemoriza para doblegarlos. No dejemos que nos domine el propio placer, no dejemos que nos atemorice la ajena crueldad, y habremos vencido al mundo."

22/10/09

Today as yesterday, remember our heroes!



Today more than ever, against the aggressions of revolutionary Liberalism (whether Marxist either Conservative, represented in Spain by PSOE and PP), remember our brave Requetés and take us example of them, warriors of the Tradition and the Counter-Revolution, yesterday, today and forever, who fought, fight and will fight for an eternal creed: For God Our Lord, for the Country, its Old Laws and for the rightful King.

Let's do this battle extended to all nations around the World. Today the enemy is named Globalization, Abortion, Wild Capitalism, Loss of values (the true Christian Values) and Loss of Identity, Submission to fanatic and totalitarian Islam (in Old Europe), Cacique Neomarxism in South America, Hypocrisy, Wasteful while others die of famine, gratuitous wars, etc...etc...etc...The Masonic plan and its Darkness Visible are succeeding. There is no place for the reflection or criticism. Where the World goes???? As soon as we can imagine, novels like Huxley's Brave New World or Orwell's 1989 will come true. But as the Lord said, the Gates of Hell shall not prevail. Don't deceive (or liar) ourselves, Obama is not a messiah, he is just an abortist and an antichrist (it is writen:"...and you will know them by their works").

Fight each one of us with our own resources or weapons, at work, in our relations with Society, with friends, with strangers, from the Press, in the Church, through the Internet, etc...WAKE UP! TODAY IS THE FIRST DAY OF THE REST OF OUR LIFES! CHRIST AND VIRGIN MARY HELP US! Therefore, one day we will can even say that the true human being is alive.

Con Dios.

Exilona and Abdelaziz, a forbidden love story



Exilona (or Egilona) was the wife of the last Visigoth king of Spain, Roderick, who was dead after the Muslim invasion of the peninsula at the battle of river Guadalete.

Among the muslims even stayed the proud widowed Queen Exilona.

She was still young and beautiful. By paying tribute she was allowed to live unmolested, and in this way she passed to the second phase of her romantic career. Arab fancy has surrounded her history with many surprising incidents, and Lope de Vega, the Spaniard dramatist, has made her the heroine of a romantic play, but her actual history is so full of interest that we need not draw contributions from fable or invention.

When Muza went to Syria at the command of the caliph he left his son Abdulaziz as emir or governor of Spain. The new emir was a young, handsome, and gallant man. He had won fame in Africa, and gained new repute for wisdom and courage in Spain. The beautiful princess who had become a Gothic queen was now a hostage in his hands, and her charms moved his susceptible heart. His persuasive tongue and attractive person were not without their effect upon the fair captive, who a second time lost her heart to her captor, and agreed once more to become a bride. Her first husband had been the king of Gothic Spain. Her second was the ruler of Muslim Spain. She declined to yield her Christian creed, the true Faith, but she became his wife and the queen of his heart, called by him Ummi-Assam, a name of endearment common in Arab households.

Exilona was ambitious, and sought to induce her new husband to assume the style of a king. She made him a crown of gold and precious stones which her soft persuasion induced him to wear. She bowed in his presence as if to a royal potentate, and to oblige the nobles to do the same she induced him to have the door-way of his audience chamber made so low that no one could enter it without making an involuntary bow. She even tried to convert him to Christianity, and built a low door to her oratory, so that any one entering would seem to bow to the cross.

These arts of the queen proved fatal to the prince whom she desired to exalt, for this and other stories were told to the caliph, who was seeking some excuse to proceed against the sons of Musa, whose ruin he had sworn. It was told him that Abdul-Aziz was seeking to make Spain independent and was bowing before strange gods. Soliman asked no more, but sent the order for his death.

It was to friends of the emir that the fatal mandate was sent. They loved the mild Abdul, but they were true sons of Islam, and did not dare to question the order of the Commander of the Faithful. The emir was then at a villa near Seville, whither he was accustomed to withdraw from the cares of state to the society of his beloved wife. Near by he had built a mosque, and here, on the morning of his death, he entered and began to read the Koran.

A noise at the door disturbed him, and in a moment a throng burst into the building. At their head was Habib, his trusted friend, who rushed upon him and struck him with a dagger. The emir was unhurt, and sought to escape, but the others were quickly upon him, and in a moment his body was rent with dagger strokes and he had fallen dead. His head was at once cut off, embalmed, and sent to the caliph. The cruel use made of it we have told.

A wild commotion followed when the people learned of this murder, but it was soon quelled. The power of the caliph was yet too strong to be questioned, even in far-off Spain. What became of Exilona we do not know. Some say that she was slain with her husband; some that she survived him and died in privacy. However it be, her life was one of singular romance.

As for the kindly and unfortunate emir, his memory was long fondly cherished in Spain, and his name still exists in the title of a valley in the suburbs of Antequera, which was named Abdelaziz in his honor.

21/10/09

El diamante y la perla


El gran Velázquez hizo el retrato de doña Margarita de Austria, que se conserva en el Prado. En el pecho de la retratada se observa el famoso brillante llamado Estanque con la perla Peregrina.

¿Qué son ambas joyas? La perla fue pescada el año 1580 en el mar del Sur; tenía el tamaño de una aceituna de Córdoba y fue comprada por don Felipe II.

El diamante Estanque fue encontrado en una arroyo de las proximidades de Madrid, y lo talló en brillante el conocido lapidario Jácome Trezo. Lo robaron los soldados de Napoleón (estos botarates siempre haciendo de las suyas como hijos de la Revolución que eran; si ya no bastaba con saquear tumbas, también hurtaban), fue devuelto a España con motivo del tratado de paz, y al fin el felón Fernando VII se lo regaló a su suegro, el rey de Nápoles.

Don Juan de Austria y los moros de la Alpujarra


Don Felipe había encargado a su hermano don Juan de Austria que redujera a los moros de la Alpujarra. Era Aben Aboo el cabecilla de éstos, el cual, temeroso de la valentía de don Juan y del arresto esforzado de sus tropas, encargó a su lugarteniente El Habaqui que estipulara en su nombre las condiciones de paz.

Muchos eran los agravios que de los moros tenía don Juan de Austria; sin embargo le envió a El Habaqui un recado diciéndole que si se le echaba a los pies y le rendía las armas, serían los moros perdonados (naturalmente hoy día, don Juan de Austria estaría cumpliendo condena en Alcalá Meco o Nanclares de Oca, por fomento del racismo y la xenofobia, y abuso de poder...por supuesto le habrían caído mas años que a cualquier sarraceno cortacabezas aun siendo sorprendido con la cimitarra en mano).

Así sucedió. Llegó El Habaqui a caballo, se apeó, se puso de rodillas delante de Su Alteza y colocándole la bandera y el alfanje a los pies le dijo:
- Estas armas y bandera rindo a Su Majestad en nombre de Aben Aboo y de todos los alzados cuyos poderes tengo.

Y don Juan, en vez de guardarse el arma que el moro le rendía, la tomó, se la devolvió y le repuso:
- Levantaos y tomad esta arma, y guardadla para servir con ella a Su Majestad.

El Habaqui la recogió y se retiró con miradas de agradecimiento. Pero Aben Aboo, que era una arpía y un traidor, mandó ahogar a El Habaqui y enterrarlo en un muladar.

Al fin, otro moro llamado Xariz le dió un golpe en la chola al moro felón y lo dejó K.O., esto es, muerto. Desde aquel momento todos los moros de la Alpujarra se sometieron a don Juan de Austria y la comarca alcanzó paz.

19/10/09

PP y PSOE: La misma chusma abortista

En la pasada manifestación del 17 de octubre, en favor de la VIDA, que ha tenido lugar en la capital del reino, aun han tenido el rostro y la cara dura de aparecer los politicuchos abortistas del PP, en un acto de hipocresía sin precedentes: Todos estos "señores/as" del principal partido de la oposición que aspiran un día a llegar al gobierno, echando del mismo a los masones progres, son una pandilla de abortistas que se manifestaron en Madrid, no en favor de la VIDA, sino en contra de la nueva ley del PSOE...porque ellos creen que la anterior legislación, TAMBIÉN ABORTISTA, ya está bien como está (Dicho con mas simplicidad, es imposible).

Y ésta es la chusma, que se presenta como alternativa al Marxismo light, progre y masón de Zapatero...Dios nos ayude: Quo vadis Hispania?.

15/10/09

Infantería carlista (1872-1876)


En ella se observaban curiosos contrastes. Cuerpos perfectamente uniformados y equipados en términos de no tener que envidiar al mejor ejército de Europa; cuerpos con armamento heterogéneo, equipos de lance, uniformes de capricho o carencia de ellos. Batallones que revelaban un ejército regular y bien organizado; batallones que mas bien eran partidas. Citábanse, al comenzar la guerra, como modelos de batallones, los organizados y mandados por Radica y Calderón.

Aventurado sería fijar el número de plazas de cada batallón: los navarros, que han sido siempre los mas nutridos y completos, constaban por término medio de 900 plazas cada uno; los vizcaínos de 800; y los alaveses y guipuzcoanos de 600.

Primero en Orduña y luego en Tolosa, existió una academia de cadetes. Su uniforme variaba bastante según los batallones: los alaveses vestían ponche gris; los navarros, capote gris: todos, pantalón encarnado y boina de este color o azul, con su correspondiente chapa, que reemplazaba desde hacía tiempo a la clásica borla.

Cuando el general Moriones se encargó del mando en jefe de las fuerzas liberales del Norte (1873), los carlistas contaban, entre Navarra y las Vascongadas, Cataluña y el Centro, con un efectivo de 46.000 hombres, de los que solamente unos 17.000 pertenecientes a las fuerzas del Norte, figuraban como cuerpos regulares (8.000 con Dorregaray en Estella y alrededores, 5.000 con Velasco en Vizcaya, y 4.000 con Lizárraga en Guipuzcoa).

El titulado ejército carlista vasco-navarro, comprendidas todas las fuerzas irregulares, ascendía a unos 24.000 hombres, divididos en 37 batallones organizados. No todos eran navarros o vascongados: en Vizcaya existían 2 batallones castellanos.

El total de 46.000 hombres puede clasificarse como sigue:
- Principado de Cataluña: 12.000
- Vascongadas y Navarra: 24.000
- Extremadura: 400
- Ciudad Real: 350
- Maestrazgo: 3.000
- Valencia: 2.000
- Alicante: 850
- Diversas provincias (Huesca, Santander, Asturias, Burgos, Sevilla, Jaén, etc...): 4.000

Conviene decir, empero, que de estos 46.000 hombres solo debían considerarse como efectivos una tercera parte (por desgracia): principalmente porque fuera de la precitada tercera parte, los demás estaban dispersos y actuaban en partidas independientes.

Por Real Decreto de 30 de noviembre de 1874 el Estado carlista quedó dividido en 3 capitanías: la de las Vascongadas y Navarra, la de Castilla la Vieja, y la de Cataluña. Creose, aparte de toda capitanía, un ejército llamado del Centro, destinado a operar en el Maestrazgo, Bajo Aragón, Valencia, Murcia, Reynos de Andalucía y Castilla la Nueva. Don Carlos asumía el mano en jefe de todas las fuerzas y en particular del ejército del Norte.

El ejército comprendía 5 divisiones:

- Jefe del Estado Mayor: teniente general Mendiri.
- Tropas afectas al cuartel general: Un escuadrón de la Escolta Real; un escuadrón de Guías Reales al mando del brigadier Calderón; un batallón de Ingenieros al mando del coronel Echevarri.
- División de Navarra: mariscal de campo Pérula (12 batallones).
- División de Guipuzcoa: mariscal de campo Egaña (9 batallones).
- División de Vizcaya: mariscal de campo Berriz (10 batallones).
- División de Álava: brigadier Álvarez (6 batallones).
- División de Castilla: teniente general Mogrovejo (6 batallones).
- División mixta: 2 batallones cántabros, 1 asturiano, 1 de La Rioja y 6 de Aragón.

Blanca Garcés de Pamplona


Casó doña Blanca Garcés de Pamplona con Sancho III el Deseado, y fue la primera reina de Castilla que llevó aquel nombre.

Su muerte tuvo lugar en 1156, y fue enterrada en el Monasterio de Santa María la Real de Nájera. En honor de su nombre copiamos el epitafio de su sepulcro, que dice así:

Aquí yace doña Blanca, Blanca en el nombre, Blanca y hermosa en el cuerpo. Pura y cándida en el espíritu. Agraciada en el rostro. Agradable en la condición. Honra y espejo de las mujeres. Fue su marido don Sancho, hijo del Emperador, y ella digna de tal esposo. Murió al nacer su hijo (el futuro Alfonso VIII).

De estirpe le venía. Doña Blanca era biznieta del Cid Campeador, espejo de caballeros.

Ingenieros carlistas (1872-1876)


Gracias a ellos se improvisaron fortificaciones, se poseyeron buenos reductos y se abrieron inexpugnables líneas de trincheras. La Academia de Ingenieros residía en Vergara: fue inaugurada en enero de 1875. Cursábanse las siguientes asignaturas:

- (Primer curso) geometría, trigonometría, construcciones y arquitectura militar, táctica de infantería; (segundo curso) topografía, fortificación de campaña, minas, puentes, escuela de zapas, maniobras de los zapadores; (tercer curso) dibujo topográfico y a la aguada.

Para ser admitido en la Academia exigíase la edad de 17 a 24 años, y sufrir un previo examen de ingreso. Al curso de 1875 concurrieron no pocos subtenientes, tenientes y hasta capitanes de infantería. Todos, al salir de la Academia, lo hacían con el rango de teniente de Ingenieros. Sus profesores tenían derecho, al año, a la cruz del mérito militar, y transcurridos dos años, al empleo superior inmediato.

Algún profesor de Vergara, lo fue antes de la Academia de Guadalajara; sabido es que el brigadier del cuerpo Sr. Alemany y su hijo, abrazaron la causa carlista en dicho cuerpo.

Su uniforme, no difería del de los artilleros, con la sola diferencia de llevar castillos en el cuello en lugar de bombas.

Había un batallón afecto al cuartel general.

El Cid y la niña


En lo que se refiere a don Rodrigo Díaz de Vivar, alias el Cid Campeador, van tan unidas la historia y la leyenda, que es muy difícil separar la una de la otra. Existe un hecho cierto, y es que el rey Alfonso VI le llegó a tener celos, o tal vez envidia, y lo desterró de sus dominios, ¿por qué causa? Según unos por haberse atrevido a tomarle el juramento de Santa Gadea, que tiene mas de leyenda que de realidad; según otros, por no haberle entregado todas las riquezas que le tomó al rey moro de Sevilla, y existen también los que dicen, y acaso éstos estén en lo cierto, que lo desterró por haberse introducido en el reino musulmán de Toledo sin el real permiso.

El caso es que Rodrigo, montó a Babieca y salió hacia el destierro al mismo tiempo que se pregonaba por todas partes de orden del rey, que al desterrado no se le diese en ninguna parte de comer ni de beber, amenazando a quien lo hiciese con sacarle los ojos (en la Edad Media no se andaban con chorradas).

Era un día de calor espantoso; el sol ardía como un horno, y el Cid, con los labios agrietados por la sequedad, se moría de sed. Viendo al fin una villa, pensó que allí le darían tan vital líquido, ya que en todo el camino no había encontrado una fuente ni un arroyuelo. Los vecinos lo reconocieron en seguida, y acordándose de las amenazas del rey, se metieron en sus casas cerrando las puertas por dentro.

El desterrado llamó a una puerta, pero no contestaban; volvió a lamar dos veces, tres veces...por último la puerta se abrió y apareció una niña.
- Me muero de sed, hija mía -le dijo el Cid- por caridad, dame de beber.

La niña le contestó que estaba sola en casa, y que si le daba agua, el rey la condenaría a la ceguera. Y añadió:
- En el mal que me hiciesen, vos no ganaríais nada.

El Cid humilló la cabeza y dos lágrimas aparecieron en sus ojos. Al ver la niña aquellas lágrimas en un rostro tan noble, lanzó un grito, volvió al interior de la casa y en seguida apareció con una escudilla de agua clara y fresquísima. El Cid la cogió avidamente, iba a beber cuando miró a la niña: también tenía el rostro cubierto de lágrimas. Y entonces, comprendiendo el valor y heroísmo de aquella muchachita que estaba dispuesta a quedar eternamente ciega por darle de beber, le devolvió la escudilla intacta.
- Toma el agua, niña -le dijo- ya no la necesito.

Y espoleando al caballo siguió camino adelante bajo aquel sol de fuego.

Cuando partió, los vecinos abrieron las puertas de sus casas, y mirándolo exclamaban:
- ¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!.

14/10/09

Caballería carlista (1872-1876)


Fue siempre la caballería un tanto precaria. Pérula echó los primeros cimientos de su organización. La atrevida expedición que con una partida hizo el ex-escribano al comienzo de la guerra, por Castilla la Vieja, esquivando la vigilancia de la brigada de caballería que mandaba el brigadier Villapadierna, proporcionó nuevos caballos al entonces naciente ejército.

Al principio no servía mas que para ordenanzas y escoltas. La de Dorregaray portose bien en Eraul. Los 200 caballos que, a fines de 1874, poseía el ejército carlista del Norte, se multiplicaron hasta llegar en 1875 a 2.000 y pico, en cuya cifra iban comprendidos no solo los dos regimientos de Navarra y Vascongadas, y la escolta real, sino el regimiento de Castilla y los 2 escuadrones de Asturias, los 2 cántabros y las acémilas, trenes de artillería, ingenieros, administración, sanidad, etc.... En la caballería se echaba de menos la uniformidad y abundaban los caballos detestables (no importaba edad, casta y alzada del animal), aunque no faltaban los de porte imponente, generalmente caballos particulares de jefes y oficiales.

El Escuadrón Real, llegó a constar de 400 plazas; llevaban boina encarnada, con chapa de plata bruñida y una C y un 7 de oro fino, rematadas ambas figuras de una corona; dorman-spencer azul turquí con cordones negros; en el cuello dos anchos galones de plata; en las mangas un galón ancho de unos 5 cm., también de plata y con flores de lis bordadas; pantalón encarnado con doble franja azul y medias botas; espuelas vaqueras de ordenanza y sable de caballería ligera y revólver. Brida de cuero leonado; cubre capote, maletín y sudadero azul turquí, galonados de plata y con las cifras C7. Los oficiales colocaban los galones de su graduación por bajo del galón flordelisado. Los subtenientes de caballería eran cadetes en el escuadrón; los capitanes, tenientes; y así de los demás, y Don Carlos VII, coronel, cuyo uniforme ostentaba con mas frecuencia que el de capitán general. La caballería restante vestía dorman-spencer azul con brandeburgos o alamares negros, y como de reglamento, aunque pocos lo seguían, pantalón de badana. La boina, azul o encarnada según la provincia; por armamento, sable corvo, tercerola o lanza y algunos revólver.

El máximum de fuerzas fue el siguiente:
- Navarra: 685 caballos.
- Vizcaya: 111 caballos.
- Guipuzcoa: 121 caballos.
- Álava: 108 caballos.
- Castilla y Asturias: 947 caballos.
- Cuerpos diversos: 696 caballos.
- Principado de Cataluña: 1.385 caballos.
- Centro (Aragón, Valencia, Castilla la Nueva, Reynos de Andalucía, etc...): 1.530 caballos.

En total unos 5.583 caballos. Su comandante general era el mariscal de campo marqués de Valdespina: El Regimiento nº1 del Rey: 5 escuadrones; el nº2 Borbón, 5 escuadrones; el nº3 del Cid, 4 escuadrones; 1 escuadrón de La Rioja y 1 de Aragón (cada escuadrón tenía unos 120 caballos).

13/10/09

Artillería carlista (1872-1876)


La Artillería contaba en la 3ª guerra con varios oficiales procedentes del ejército liberal y con algún que otro oficial extranjero. La academia estaba en Azpeitia: de ella salían alumnos, si no como los de Segovia (con profundos conocimientos técnicos), si al menos instruidos en la práctica del deber, en el manejo de una batería de sitio y demás operaciones indispensables. Vestían los artilleros, saco negro con una hilera de botones y dos bombas bordadas en el cuello, pantalón negro con franja encarnada y boina como la infantería (azul o roja).

Los cañones eran de la clase Withworth, Voolwich, Vavasseur y Krupp, y reconocía tres procedencias:
1) Los capturados a los guiris o liberales.
2) Cañones extranjeros comprados con fondos carlistas, o regalados por los legitimistas franceses e ingleses.
3) Cañones fabricados por la fundición de Azpeitia.

La primera pieza de artillería que tuvieron los carlistas del Norte, fue la Krupp de montaña que perdió en Eraul la columna del coronel Navarro. Se compraron piezas en los Estados Unidos a fines de 1873 a la casa J.G. y compañía de Nueva York, y una persona era depositaria de 4 baterías completas (24 cañones) que solo aguardaban la hora del embarque. El capitán Jefferson de los Estados Unidos, ofreció al gobierno carlista un vapor para transportar las armas y cañones que compraran en el extranjero.

Cuando se había conseguido el vapor London, Washington D.C. dictó orden prohibiendo el trasbordo, ya que habían reconocido al gobierno republicano español y no se podía consentir armar al enemigo.

Pero Jefferson halló medio de salir del paso y por los buenos oficios de un pariente suyo, empleado en la secretaría de marina, obtuvo que el London, en vez de ser destinado a España, lo fuera al Imperio Japonés. Tras un montón de obstáculos y triquiñuelas, el vapor entró en Bermeo en 8 de julio de 1874 y descargó, luego volvió a su patria, burlando la vigilancia de la goleta Consuelo.

En un segundo viaje que hizo, cayó esta vez en manos del enemigo liberal en aguas cubanas.

Los legitimistas franceses proveían al ejército carlista por la costa del monte Jaizquibel, entre Pasajes y el río Bidasoa. La fundición de Azpeitia dedicábase a la fundición de piezas Plasencia, de gran precisión y alcance. Fundiciones de proyectiles existían en Azpeitia, Vera, Bacaicoa y Urdax: estas dos últimas para fabricación de cartuchos Berdan y Remington.

El 23 de septiembre de 1874, jugó la artillería por vez primera en campo abierto, en el combate de Biurrún. Pérula mandaba los carlistas, Laserna y Moriones a los liberales. Los carlistas llevaban sus cañones de un lado a otro con una facilidad extraordinaria y los cambiaban continuamente de posición, según movimientos del enemigo.

En Guipuzcoa desempeñó gran papel un cañón que repartía garrapiñas a diestro y siniestro, llamado El Abuelo.

Se cuenta que cuando no tenían otro medio a mano, cargaban los hombres con los cañones a cuestas, bastando 4 hombres para llevarse a toda leche, por cerros y barrancos, un cañoncito Withworth. Tela.

Así estaban pues las cosas: los catalanes llegaron a contar con 24 piezas, los del centro (castellanos, aragoneses, valencianos, etc...) con 12; los vascos y navarros llegaron a contar con 81 piezas de campaña y 29 de plaza. Vamos, que en total se llegó a disponer de 146 bocas de fuego.

Santa Isabel la Católica


Hallábase la reina en Tordesillas, con su fiel caballero don Andrés de Cabrera, marqués de Moya, cuando llegó a su noticia que la población de Segovia se había amotinado.

¿Qué había ocurrido? Pues que algunos nobles, envidiosos de don Andrés de Cabrera, que era alcaide del Alcázar de Segovia, aprovecharon la ausencia de éste para echar las turbas a la calle y apoderarse del alcázar.

No era doña Isabel, la reina, mujer de muchos aguantes; así que apenas tuvo conocimiento del tumulto, tomó un caballo y en compañía de dicho Cabrera y del conde de Benavente se puso en una galopada a la entrada misma de Segovia. Ya el pueblo amotinado por los nobles, había pegado fuego a las puertas del alcázar.

Cuando la Reina se disponía a entrar en la población, se le acercaron algunos emisarios para decirle que los rebeldes estaban muy excitados y que no convenía que la Reina siguiese adelante. Doña Isabel, al oir semejante observación, irguió su cabeza y con voz vibrante contestó:
- Soy la Reina de Castilla, y no estoy acostumbrada a recibir condiciones de súbditos rebeldes.

Y corrió al alcázar. Allí se impuso a las turbas, dijo que se haría justicia y ante el imperio de su mirada se apaciguaron los ánimos. Y efectivamente se hizo justicia: repuso a Cabrera en su puesto de alcaide del alcázar e hizo pagar a los nobles envidiosos los desperfectos causados por los amotinados.

Tal era su justicia, vamos, como la de nuestros politicuchos; igual igual.

Todo cuanto se diga de la agudeza, discreción y talento de la Reina Católica será poco en comparación a la realidad. Un cronista de la época dice que "era de mas viveza y penetración que su marido" y que era una mujer "caida a la tierra desde el Cielo".

Ella atendía al Gobierno del Estado, y en el dosel de su solio se leía el tanto monta, "tanto monta, monta tanto Ysabel como Fernando"; se preocupaba también de los asuntos de Indias, y al mismo tiempo atendía a los quehaceres del hogar, tejía las camisas de su marido, enseñaba a sus hijas las labores de costura, les instruía en el latín y enseñaba a orar, y no consentía que a su lado permaneciera nadie ocioso.

Pero hay mas aun: su preocupación se extendía a las mas mínimas funciones públicas. Una mañana se le cayó de la manga un papel en que había escrito:
"La pregonería de la ciudad se ha de dar a Pedro Láñez, que es el que tiene mejor voz".

Y Pedro Láñez fue el pregonero.

Famosa es su frase: "Yo tomaré esta empresa a cargo de mi Corona de Castilla, y cuando esto no alcanzare, empeñaré mis alhajas para atender los gastos"...y fue así como se aprobó el plan de Colón.

La reina cristiana e hispana.

8/10/09

9 de Octubre


Un 9 de Octubre del año de Nuestro Señor de 1238, cautivo y desarmado el ejército musulmán, defensor de la ciudad, el Rey de Aragón y Conde de Barcelona don Jaime I el Conquistador, toma Valencia, fundando así el Reino Cristiano que llevará su nombre milenario, la Valentia Edetanorum, recuperada de nuevo para la Cristiandad.

Fue En Jaume, su primer rey y quien otorgó, juró y promulgó sus Furs o leyes propias.

..."el rey, la reina, los arzobispos de Tarragona y Narbona; los obispos de Barcelona, Zaragoza, Huesca, Tarazona, Segorbe, Tortosa y Vich, los barones y ricoshombres a la cabeza de sus tropas, entraron triunfantes en Valencia, en la ciudad que el Cid había poseido un siglo y medio antes, y que entonces había de quedar para siempre bajo la ley de Jesucristo".

7/10/09

Roger de Lauria: ¡Aragón y Sicilia!


"Señor, no sólo no pienso que galera u otro bajel intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragón, ni tampoco galera o leño, sino que no creo que pez alguno intente alzarse sobre el mar si no lleva un escudo con la enseña del rey de Aragón en la cola, para mostrar el salvoconducto del rey aragonés".

Menudo crack; sin duda, el bueno de Ruggiero se adelantó a su tiempo. No tendría que haber mandado una galera, tendría que haber gobernado un acorazado o un destructor, o qué digo yo, un portaviones y si me apuras mas, un submarino nuclear. Era al mar, lo que Gonzalo Fernández de Córdoba "el Gran Capitán", era a la tierra; y si en aquellos tiempos de la Baja Edad Media hubiese existido una Fuerza Aérea (en el supuesto hipotético de haber vivido Da Vinci siglo y medio antes y haber funcionado todos sus cacharros voladores), desde luego que habríamos tenido nuestro Von Richthofen.

Siendo hijo de un insigne calabrés, se crió en el palacio de los Reyes de Aragón de Barcelona, bajo el manto y protección del Conquistador, lo que hizo que tanto él como su futuro señor, don Pedro, crecieran juntos y nacieran entre ellos, fuertes lazos de amistad.

Así fue que llegó el día. Don Pedro III el Grande, le nombró almirante y capitán general de la Armada. Giovanni Procida, salernitano, fue nombrado gran canciller; Alaymo di Lentini, recibió el cargo de gran justicia del reino; el del condado de Besalú, llamado Guillén Galcerán de Cartellà, mandó el ejército de tierra y los bravos almogávares. Todos ellos, en defensa de Sicilia.

Así fue que comenzó la leyenda. Venció a los franceses delante de Malta; ganó con valor y fortuna la isla de Gerbes; venció otra vez a los franceses y a su Armada real; volvió a vencer delante de Nápoles; embistió con valor y coraje las costas de la Berbería y entró por combate al fuerte de Tolometa; socorrió a la Roca Imperial contra el conde Juan de Monfort; tomó a Otranto y fortaleció los muros; volvió a derrotar a los franceses, que ya empezaban a tenerle tirria a eso de meterse en el agua; venció en la Pulla y ganó la ciudad de Malvasia.

Al abordaje precipitábanse los suyos a los gritos de:
- "¡Aragón, Aragón! ¡via sus, via sus!".

En la galera almirante de Provenza peleaban Roger y Cornut, cada uno al frente de sus soldados; Roger recibió en un muslo un venablo que le arrojó Cornut (¡manda huevos el nombrecito!), e iba a sucumbir a sus golpes, cuando un catalán arrebató al provenzal el hacha de las manos, momento que aprovechó Roger para arrancar el venablo de su herida y utilizarlo para atravesar el pecho de su rival.

A su voz formaban las galeras, a su voz se alfombraba el mar; sonaban las trompetas y al grito de ¡Aragón y Sicilia! precipitábanse los aragoneses contra el enemigo. Huían las galeras de Nápoles y de Sorrento, y solo algunas, montadas por los caballeros franceses de la corte del príncipe de Salerno, se defendieron, no ya para vencer, sino para perecer con honra; y así gritó al final tan buena presa:
- "Vuestros somos; aquí está el príncipe. A vosotros se rinden las mejores espadas de Francia".
Roger contestó al príncipe, nada mas y nada menos que el hijo y sucesor de Carlos d'Anjou:
- "Si queréis conservar la vida, dos cosas tenéis que hacer desde luego, y si no haced cuenta que ahora se vengará la muerte de Conradino. Quiero que hagáis venir al punto a la hija del rey Manfredo, hermana de mi señora la reina de Aragón, que tenéis vos encarcelada en el castillo del Huevo, y que me hagáis entregar el castillo y la villa de Ischia".
Y así se hizo. Cuando Carlos llegó a Gaeta y supo la derrota y prisión de su hijo, su dolor fue grande, pero mas aun cuando tuvo noticia que en Nápoles se empezaba a escuchar:
- "¡Muera Carlos! ¡Viva Roger de Lauria!".

Devoto de la Virgen Santísima, jamás conoció la derrota. Murió en Valencia, "el mas famoso y excelente capitán que antes y después de su tiempo ovo jamás por la mar, y nunca fue vencido en ella".

Díjole un día el Rey don Pedro:
- "¿Almirante, amigo, que deseas en premio de tus hazañas?".
- "Yo señor -respondió- en remuneración de mis heridas sólo pido el ser sepultado donde vos lo fuereis, y a vuestros pies".
- "Pues eso pedís -dijo admirado el rey- así sea".

Y así fue. Ruge su espíritu por el Mare Nostrum.

6/10/09

La bella Egilona



Nos maravillamos de la invención de la "cava" para mengua de la nación española y dejamos en el olvido a Egilona y cuánto esta mujer ilustre llevó a cabo para resucitar a España y endulzar sus infortunios.

Pues a ella, hermosa viuda de don Rodrigo, debemos las favorables condiciones otorgadas por Abdelaziz Ibn Muza a Teodomiro. Abdelaziz, hecho walí, se desposó con ella en Sevilla sin exigirle la abjuración de su fe religiosa. Recibió de su esposo el nombre árabe de Omm Al Yssam, la de ricos collares, aunque cuentan las crónicas que la llamó también Zahra Ibn Isa, Flor hija de Isa (Jesús), Flor de la raza de Cristo.

Se dijo de su esposo, que traidor a la ley del Islam, había abrazado el cristianismo, y aun cuando jamás constó esto de un modo positivo, es lo cierto que por amor de Egilona, mostró a los cristianos tanto afecto y predilección, que nunca causó sorpresa el descontento de los suyos. Su violenta pasión por tan noble mujer, devota cristiana, que quizá iluminó su corazón y acentuó su generosidad, le causaron la muerte por orden del califa (cosido a lanzadas y decapitado).

5/10/09

Finis Hispaniae!


El Guadalete se llevó en sus aguas la gloria y libertad de España. Allí pereció el nombre ínclito de los Godos; allí el esfuerzo militar, allí la fama del tiempo pasado, allí la esperanza del venidero se acabaron; y el imperio, que 300 años había durado, quedó abatido por esa gente feroz y cruel.

"¿E quién daría a mi agua, con que toda mi cabeza fuese bañada (exclama el bueno de Alfonso X en su crónica), e mis ojos fuentes, que siempre manasen lágrimas, porque llorasen e plañiesen la pérdida, e la muerte de los de España, e la mezquindad, e el terramiento de los Godos? Aquí se remató la santidad e religión de los obispos e de los sacerdotes; aquí quedó e menguó el abondamiento de los clérigos que servían las iglesias; aquí peresció el entendimiento, e el enseñamiento de las leyes de la santa fe, e los padres e los señores todos perescieron en uno...Toda la tierra astragaron los enemigos, e las casas hermaron, los omes mataron, las cibdades robaron e tomaron...Cuanto mal sufrió aquella Babilonia, que fue la primera y mayoral en todos los reinos del mundo, cuando fue destroida del rey Ciro e del rey Dario...e cuanto mal sufrió Roma, que era señora de todas las tierras, cuando la tomó e la destroyó Alarico, e después Ataulfo, rey de los Godos, e después Genserico, rey de los Vándalos; e cuanto mal sufrió Jerusalén, que, según la profecía de Nuestro Señor Jesucristo fue derribada e quemada, que non fincó piedra sobre piedra; e cuanto mal sufrió aquella nombre de Cartago, cuando la tomó e la quemó Scipion, cónsul de Roma; dos tanto mal, e mas que aquesto sufrió la mezquina de España, desamparada, ca en ella se ayuntaron todas estas coitas e tribulaciones."

Pero España resucitó. Comenzaba así la gran epopeya.

El encuentro


Era soltera doña Isabel y eran muchos los príncipes que la pretendían; pero ella, preocupada de servir a Dios y a su tierra, eligió en su corazón al que mas convenía a aquellos supremos intereses: a don Fernando de Aragón, que luego recibiría el título de "el Católico".

Castilla y Aragón resumían en aquellos momentos la unidad hispana. Pero doña Isabel no conocía ni de vista a su pretendiente don Fernando, y era necesario procurar que se viesen, conociesen y tratasen. Celebrose pues una especie de fiesta a la que acudieron los futuros Reyes con otros muchos caballeros y damas.

Estaba sentada doña Isabel con varias de éstas, cuando un caballero castellano, llamado don Gutierre de Cárdenas, al ver entrar en la sala a don Fernando, le dijo a doña Isabel:
- ¡Esse es, esse es, esse!.

Y entonces se conocieron. Poco después se casaron, y recordando que se habían conocido merced a la frase de don Gutierre, esse es, esse es, esse, le concedieron a su escudo una orla formada por ocho eses.

3/10/09

Los límites del poder real


En el tercer año de reinado, Sisenando convocó el IV Concilio de Toledo, presidido por San Isidoro, con asistencia de 69 prelados, ya por sí, ya representados por sus vicarios. Las decisiones de la augusta asamblea no dejan duda alguna acerca del carácter que a los concilios toledanos hemos atribuido, y son y serán eterno monumento de la tutelar y digna protección que la Iglesia católica ha dispensado siempre a los oprimidos.

Los Padres de la Iglesia, no se limitaron a deliberar y a legislar sobre materias eclesiásticas, no; ellos, la única parte ilustrada de la patria; ellos, solos depositarios de las claras y distintas nociones que sobre el poder y su ejercicio ha tenido siempre la sociedad modelo de la Iglesia; ellos, verdaderos amantes de la libertad, de la dignidad del hombre, fijan los primeros en la España goda, los límites del poder del rey, los límites de los derechos sociales. En los cánones del IV Concilio, concisos y sin aparentar la pomposa forma doctrinaria, se encierra toda una constitución; ellos contienen todo aquel derecho que así vigorizó y comunicó el sentimiento de su dignidad a los individuos como contuvo y elevó a los reyes, alta expresión de la sociedad, haciendo de nuestra España durante el principio de la Edad Media el país mejor gobernado de Europa, en lo que podían consentirlo las incesantes guerras, los escasos medios de producción y el estado violento del mundo al sacudir Roma.

"A ti, rey, que estás presente, dicen los Padres en el canon LXXV, y a vosotros todos, príncipes de las edades futuras, pedimos con la humildad que a cristianos conviene, que seais suaves y moderados para con vuestros súbditos; os pedimos que rijais con justicia y piedad los pueblos que por Dios os han sido confiados."

"En cuanto a los reyes de las edades futuras, promulgamos en toda verdad esta sentencia: Si alguno de ellos, con menosprecio de las leyes, con orgulloso despotismo, cegado por el fausto real, hace pesar sobre los pueblos una dominación cruel, para saciar su ambición, su avaricia o sus apetitos, sea anatematizado en nombre de Jesucristo, sea separado de Dios por su santo juicio."